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06 octubre 2015

Pagar hoy la esclavitud de ayer

David Cameron ha estado recientemente de visita por Jamaica, uno de los países caribeños con un pasado esclavo. Y ha destacado las inversiones millonarias de su país en el desarrollo de infraestructuras en la isla. Pero lo que flotaba en el aire era si trataría del pago de compensaciones por ese pasado. (Cameron en Jamaica).

Los países americanos de ascendencia africana periódicamente reclaman indemnizaciones  por los millones de esclavos con los que se formó su país. Los países de origen, también. Los países antiguos esclavistas reconocen ese pasado y se disculpan (más o menos) pero no quieren hablar de pagos. La columnista Julia Hartley, del Telegraph, pregunta: “A mí me molesta bastante lo que hicieron los romanos a mis antepasados británicos, por no mencionar las atrocidades de los vikingos. Entonces, ¿voy a reclamarle a los italianos y los daneses por ello? ¿Hasta cuándo: 200 años, 500 años, 1.000 años después? ¿O podemos pedir compensaciones por todo lo que ha ocurrido desde el Big Bang?”

No es una cuestión retórica. Por un lado, queda por dilucidar si todos los negros de hoy en esos países son realmente hijos de esclavos. La esclavitud era un comercio legal en aquellos momentos. Pero no todos los ciudadanos blancos de los países esclavizantes tenían esclavos. Y muchos negros nacieron directamente libres.

Y si se pide compensación “de país a país”, un estado estaría asumiendo las responsabilidades de sus ciudadanos más ricos, mientras a los demás se les pediría que pagasen por algo que no sólo no es culpa suya, sino que sucedió antes de que nacieran.

Todos los países del mundo han robado y han sido robados, han invadido y han sido invadidos, han matado y han sido muertos. La esclavitud es una práctica tan vieja como el ser humano, ya la practicaban los cavernícolas cuando descubrieron que uno fuerte puede obligar a otro a trabajar para los dos.

La esclavitud es una carnicería imperdonable y vergonzante para todo el género humano, que ha existido prácticamente en todos los rincones del planeta a lo largo de  milenios. Y todas las sociedades han ido evolucionando y trampeando como han podido con su presente, con su pasado, con sus glorias y con sus miserias. De la esclavitud africana (y europea, y china) que llenó las tierras de América han pasado siglos. ¿Qué han hecho en ese tiempo esos países, esas gentes en esas situaciones?

Hilary Beckles, director de la comisión de Reparaciones de la Comunidad del Caribe, ha dicho: "No pedimos limosnas o cualquier otra forma de sumisión indecente. Simplemente pedimos que se asuma la responsabilidad y se den pasos para contribuir en un programa conjunto de rehabilitación y renovación".

Esa dignísima declaración tiene otra cara: adjudicar muy hacia atrás la ruinosa situación del presente. Pedir que otros países solucionen los problemas de éstos, pagando con dinero de hoy las deudas de ayer.

Hacen orfebrería matemática para calcular cuántos jornales se hicieron y trasladarlos al precio de hoy. Pero la cantidad exacta de esclavos no se sabe, y los salarios hubieran sido muy dispares, porque no tenían la misma calificación los esclavos del campo que los urbanos. Si se quisieran aplicar criterios actuales, habría que descontar alimentación y vivienda de esos esclavos, llegando a una aberración inclasificable.

Puestos a ser justísimos, muchas personas de esos países esclavizantes, tienen en sus pasados mucha gente que vivió como los esclavos, aunque no fueran de color oscuro. Y tendrían que pagar? Los lugares a los que se llevó esa mano de obra tenían indígenas, que sufrieron doble invasión y casi extinción por enfermedades importadas y condiciones de vida inhumanas ¿Deberían los descendientes de esclavos pagar indemnizaciones a los descendientes de nativos porque formaron parte de sus tragedias? Otra aberración.

La esclavitud es una práctica histórica del ser humano, miserable e inhumana. Pero los mercaderes europeos arribaron a las costas africanas para comprar esclavos en los mercados que ya existían, controlados por tribus africanas para vender gente de otras tribus. No fue un invento europeo. Ni lo pagarían ahora los herederos de los unos ni lo cobrarían los descendientes de los otros.

La palabra “esclavo” deriva de eslavo, que fueron los primeros pueblos esclavizados en masa por el imperio romano. La esclavitud temporal para saldar deudas fue común en Europa durante siglos. La movilización de mano de obra esclava para grandes obras ha sido una práctica habitual en todo el mundo, incluidas Rusia, India y China. Millones de chinos también fueron llevados a América y ellos están demasiado ocupados levantando su propio país como para andar con reclamaciones.

El tema de la esclavitud es un atolladero político cíclico, que sirve a muchas naciones para justificar su ruina económica, para reclamar permanentemente más dinero y para acallar las bocas de los que preguntan por  todo el dinero que ya se les ha enviado. Y ahí juega la carta de corrupciones, desconocimientos e intereses inconfesables. Y deudas.

Muchos de esos países están endeudados con entidades financieras internacionales que se llevan la mayor parte de su producción. Muchos tienen sus materias primas en manos de multinacionales que no tienen más patria que el beneficio económico. Esa es su esclavitud actual, esa es la causa de su ruina actual, esa es la clave para que levanten cabeza.

Que afronten su presente y que tomen el poder de sus propios recursos y de la formación de su gente, que gestionen su presente, como han hecho todos los países, asumiendo su propia historia, con sus luces y sus miserias.

Hay varios libros que tratan el tema de la esclavitud con seriedad histórica, y que merecen, pese a lo durísimo del tema, una lectura detenida. Historia de la Esclavitud (de José Antonio Saco), y el gran volumen La Trata de Esclavos, Historia del tráfico de seres humanos, de Hugh Tomas.


No se trata de olvidar la esclavitud, o de tratarla como un tema menor, o dejar de vigilar para que no vuelva a suceder. Se trata de asumir la historia de la Humanidad como lo que es: memoria y aprendizaje del pasado.


Porque el trabajo que tenemos todos por delante es construir el futuro.

08 agosto 2015

África es muy grande


Recientemente se han oído voces de africanos que reclamaban una visión mucho más amplia del gran continente, una visión más realista pidiendo respeto y no una visión simplista y neocolonialista. Y han aparecido videos e imágenes de ciudades impolutas a la más pura tradición occidental, coches, trajes, negocios, estudiantes, universidades, ocio… prosperidad. (Foto: Ciudad del Cabo - Sudáfrica)

África es muy grande, mucho más de lo que plasman los mapas y globos que hemos tenido en esta parte del mundo y que siempre colocaban a Europa en el centro y a EEUU como lo más grande. Y por supuesto, en esa inmensidad de continente hay zonas con mucho progreso y mucha población que vive bien, que tiene empresas, trabajo, hijos en la universidad, etc.

Pero también hay muchísimas zonas que realmente tienen hambre: lo pueden confirmar todas las ONG que trabajan en el continente y que están desbordadas. Y todos los países mediterráneos conocen la llegada incesante de barcazas y de asalto a fronteras, de miles de personas que huyen de un lugar sin presente.  Muchos de ellos se quedarán por el camino. Si África fuera la mitad de espléndida de lo que venden esas voces, la juventud no se dejaría la vida por huir.

Hace poco un dentista norteamericano mató a un león que era todo un símbolo, y el clamor popular lo ha llevado a cerrar su clínica, a ser tachado de asesino, a que el gobierno del país africano pida una investigación internacional. Una ONG colgó una simple nota: ha muerto un león y hay reclamaciones internacionales. En el mismo país han muerto 50.000 niños de hambre y nadie se inmuta.

Tan ilógico es resumir todo un continente a las zonas de hambruna como todo lo contrario, negar que existan y mirar sólo lo exótico y pintoresco que resulta para los ojos occidentales.

Siempre se acusa a los países occidentales que aportan ayudas de mirar el continente negro por encima del hombro, en una actitud que ellos definen como “neocolonialista”.  Y para no caer en manos de los europeos y norteamericanos…. Se están vendiendo a las grandes empresas chinas ya las multinacionales que no tienen más patria que el dinero. Extracción de materias primas, minas de coltán en Congo  (imprescindible para los móviles), cultivos intensivos (piña en Nigeria y Kenia, café en Etiopía) que aportan muy poco a la tierra de la que salen.


Voces que no hablan mucho de esos expolios, voces que tampoco dicen nada de las muchas guerras del continente, en las que los soldados exhiben uniformes y armas nuevos… que alguien ha pagado, y no suelen venderse barato. En un continente tan complejo y con unas situaciones tan extremas, tildar a unos de “neocolonialistas” y no decir nada de los otros es demasiado maniqueo, demasiado simplista e intencionado. Nadie es un santo.


Voces que vuelven a hablar de los siglos de esclavitud que padeció el continente, un crimen execrable en todos los sentidos, pero que no se inventó para África, y sin embargo, hay voces que quieren que Europa les pague compensaciones por todo lo perdido. Cuando los europeos arribaron a las costas africanas, los mercados de esclavos ya existían, simplemente se ampliaron para acoger esa nueva demanda hacia las tierras americanas. La historia del género humano está trufada de episodios de esclavitud por muchas causas, desde la de someter al vencido hasta la de auto-venderse para liquidar una deuda. En Europa unos de los mayores esclavistas fueron los romanos. Ya pasó, hay huellas por todos sitios y seguimos adelante. Ningún país está reclamando a Roma indemnizaciones por sus campañas contra los arios, los galos o los hispanos.

 África es demasiado grande (en todos los sentidos) como para que esté hurgándose el ombligo con la espalda doblada y buscando culpables siempre fuera de su tierra. Tiene universitarios y hambrunas, tiene inmensas zonas naturales (que en otras partes del mundo ya han desaparecido) e inmensas posibilidad de progreso en todas direcciones. Un progreso que deben gestionar ellos mismos, según sus parámetros, con ayuda, con dignidad y hacia adelante. África es una admiración y un llanto.

 

24 julio 2008

Africanos para Africa

Africa es una isla inmensa. Tan grande, que cabe en ella desde el mundo árabe del norte, el desierto eterno del Sahara, las selvas del centro, el mundo negro y hasta las minas de diamantes del sur. Tan inmensamente rica que tiene los yacimientos de minerales estratégicos más importantes del planeta y tan inmensamente pobre que millones de sus gentes mueren de hambre. Tan acogedora para ofrecer lo que tenga a cualquier visita. Tan inhumana con su propia gente como para enzarzarse en genocidios tribales sin pestañear. Tan desesperada como para jugarse la vida detrás de un sueño que vio en la tele: las pateras y los cayucos vomitan fracasos, el mar se traga gente que nadie cuenta. Pero abrir las puertas sin más no es la solución. La solución no es vaciar Africa.

Es una isla tan grande que en ella caben ciudades con tecnología punta, sociedades feudales y comunidades prehistóricas. Tan grande que no se conoce a sí misma y ha sido deseada por todos los exploradores del mundo. Lo que esgrime siempre para justificar sus males es el colonialismo europeo, y siendo una verdad incuestionable, no se sostiene como causa. También rechazan la religión católica vinculada a esos tiempos, y están adoptando masivamente el islam, que les habla contra lo occidental y que tampoco es suyo. Dios contra Dios.

No sirve que vaya de víctima. Todos los pueblos del mundo han invadido y han sido invadidos, han robado y han sido robados, han matado y han sido muertos. También fueron colonia europea Canadá y EEUU y Australia. Y también media Europa fue colonia de la otra media. Y toda ella fue colonia de Roma. Y a nadie se le ocurre hoy ir a la Ciudad Eterna a reclamar. La historia es como es y no vuelve atrás. No es un orgullo, pero ya pasó. Hay que aprovechar lo que queda, enterrar los muertos y seguir caminando. Las generaciones que van subiendo conformarán un buen futuro, pero el presente urge.

Exigen capitales a Europa, que después se disuelven en un marasmo de corrupción, señores de la guerra, intermediarios… También hay casos impecables, pero son una flor en el desierto. Una ONG fabricó un pozo artesiano para que un poblado tuviera agua potable. Los jefes de la zona lo destruyeron porque eliminaba el peaje que ellos cobraban sobre el único pozo de la zona, y echaron a los de la ONG. La vida humana no les merece ningún valor, sólo importa el negocio. Y ni siquiera a medio plazo, sino para el día a día.

La situación es compleja: con una extensión de varias europas, genera riqueza, recibe dinero y se muere de hambre. Una de las claves está en su idiosincrasia. Una isla tan distinta de los demás continentes no puede ser tratada desde fuera como una pequeña unidad a la que se le impone un modelo de comportamiento. La democracia occidental, que es una versión del régimen político de la ciudad griega de Atenas, no es linealmente aplicable a Africa.

Por supuesto, en un mundo globalizado, en el que se lucha para que se entienda que estamos todos en el mismo barco, no se pueden admitir determinados comportamientos que van directamente contra el ser humano. La venganza tribal, la mutilación genital, la venta de niños, nada de todo eso ni de otros comportamientos ancestrales es admisible en una mesa común. Es parte del reto que tiene Africa. El otro reto es la autogestión. Sí que hay organizaciones y estructuras de gobierno y policías y tribunales. Pero no tienen la más mínima credibilidad. Desidia, nulo respeto por sus propias leyes… La corrupción es tan omnipresente que ataca al olfato.

Los problemas de Africa se tienen que solucionar en Africa y entre africanos. Eso no excluye al resto del mundo, sólo lo pone en segunda fila. Hay países africanos ricos que podrían invertir en su entorno, hay mucho por hacer, pero a su manera. Su propio trabajo es cohesionarse, formar realmente un continente negro, con toda la serenidad y la conciencia de su diferencia. Si Africa no fuera negocio, no estarían invirtiendo los empresarios chinos, con un potencial de expansión que se multiplica por años. Si no hubiera un futuro interesante, no habría multinacionales con inversiones milmillonarias. Se trata de que ellos lleguen a formar sus propias grandes empresas, gestionen su vida y su riqueza. Han de empezar a dignificarse sin griterío. Si siguen haciendo lo que están haciendo seguirán consiguiendo lo que están consiguiendo.

Deben crear sus propios sistemas de diálogo. Y deben respetarlos si quieren ganar respetabilidad en el mundo. Sus foros, su forma propia de coordinar sus áfricas. Sin ceder a presiones occidentales, pero entendiendo que han de caminar hacia un futuro interrelacionado. Muchas cosas de su presente son anacronías culturales que han de ser superadas. Deben llegar al grado de desarrollo y de serenidad como continente que les merezca sentirse orgullosos de sí mismos.

Tienen mucho por hacer, y un futuro tan grande como su sonrisa.


Texto: Marga Alconchel