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21 mayo 2022

La fachada del Tele/eXpres

Después de la Guerra Civil española, el primer diario independiente que se pudo editar en Catalunya fue el Tele/Exprés. La novedad era que rompía la monotonía impuesta por la censura del franquismo. Su primer número vespertino  apareció en Barcelona el 16 de septiembre de 1964.

Su propietario era el banquero Jaime Castell Lastortras. También participaban Carles Sintiera, Federico Gallo y Andreu-Avel.lí Artís i Tomás (conocido bajo el seudónimo de Sempronio). El diseño de su cabecera, banco sobre azul, fue una gran innovación en su época, idea de Josep Pla-NarbonaJugaban con el negativo (mancha de color con las letras en blanco), recordando al famoso France Soir. Fue el primero en aparecer en formato sábana, de grandes dimensiones y todos los días de la semana, saltándose el parón dominical.

Los contenidos

La Ley de Prensa del ministro Fraga Iribarne había levantado expectativas que fueron aprovechadas por Castell usando su amistad con el yerno del dictador, el marqués de Villaverde. Ambos solían ir de cacería a África.

Tuvo un primer carácter algo sensacionalista para captar público, lo que le generó problemas con la censura. Su primer director fue cesado después de publicar en 1966 un artículo sobre monseñor del Pino, confesor de Carmen Polo de Franco. Un artículo sobre los burdeles de Barcelona llevó a la cárcel a Josep María Huertas Clavería y obligó a dimitir a su director de ese momento, Manuel Ibáñez Escofet.

Tras la muerte de Franco en 1975 publicaba semanalmente un par de páginas en catalán. En 1977 fue adquirido por el grupo de Sebastià Auger. Tras una vida accidentada pasó a ser semanario y cerró definitivamente en 1980.  

Edificio singular

El edificio que albergó la sede del grupo periodístico fue obra del arquitecto Josep Puig Torné, y lo finalizó justo a punto para la inauguración del diario. Fue muy impactante en su momento porque parte de la fachada está recubierta de piezas de hormigón visto. La técnica empleada fue de moldeado vertido en sitio.

Las placas reproducen los nombres de las distintas cabeceras del grupo periodístico propietario, y fueron obtenidas usando los tipos auténticos de las rotativas del diario, diseñadas por Josep María Subirachs, en un estilo que recuerda algunas de sus obras, como el homenaje al submarino de Narcís Monturiol o el friso del edificio Novísim, todos en Barcelona.

La fachada en su conjunto luce la pátina del tiempo y los nombres son perfectamente legibles en toda la superficie excepto los primeros tres metros, que han sufrido labores de limpieza a presión para eliminar grafitis. Las ventanas están protegidas por persianas verticales rojas, que añaden más vistosidad al conjunto.

Hoy es un edificio de oficinas, y en sus locales comerciales se ubican una agencia de venta de coches y un consultorio dentista. 






06 marzo 2016

El descenso del Amazonas

El descenso del Amazonas es un libro escrito por Joe Kane. El subtítulo reza: “El relato de la primera expedición que logró recorrer el Amazonas desde la fuente hasta la desembocadura en el Océano Atlántico.”

No es el último best seller en libros de viajes, es uno de esos volúmenes de fondo de librería, uno de esos relatos que esperan pacientemente al lector adecuado, porque no atienden modas, sino modos de leer.
 
Nueve hombres y una mujer, de Polonia, Inglaterra, Costa Rica, Sudáfrica y Estados Unidos. Deportistas, científicos, aventureros, una doctora, un periodista. Ellos, sus miserias y sus heroicidades cotidianas se embarcaron en kayak para recorrer el Amazonas desde la fuente hasta la desembocadura, 4.500 km. más allá.
No es el argumento de una novela, es un viaje real realizado en 1985. Las motivaciones de ellos fueron tan variadas como los vericuetos del rio, los ramales que tuvieron que escoger, las decisiones sobre sus propias vidas que el rio les iba imponiendo. Desde el que quiere filmar un documental hasta el aventurero o en científico, pasando por el que quiere demostrarse a sí mismo que no es cobarde. Las vidas de la gente del río, los que viven minúsculamente en las orillas del mayor río del mundo, y el periodista que ha de escribirlo todo.

No fue sólo un viaje físicamente largo y extenuante, lleno de maravillas y de sorpresas, de hielo andino, calor tropical, humedad asfixiante y un río que va convirtiéndose en ocho kilómetros de anchura. Fue un recorrido que muchas veces rozaba lo suicida, que algunos abandonaron a mitad de trayecto. Y que les cambió la vida a todos.
La obra, escrita por Joe Kane en 1989, narra en primera persona las sensaciones del periodista y lo que observa de los demás. Su texto es claro, con los adjetivos justos y con las descripciones más elegantes de las escenas menos elegantes. No esconde sus miedos, su retos físicos, el rechazo de algunos hacia él y de él hacia algunos, su cobardía, su lucha contra ella, sus cambios de opinión… todo en medio de un mundo que es agua en permanente movimiento, océano de líquido en movimiento que va a travesando poblados, lugares que no merecen ni ese nombre, miserias, gentes felices y gentes permanentemente asombradas, gentes estancadas y atrapadas en las orillas de un río que siempre se va. Páginas para aprender qué son aguas bravas, aprender a leer en los remolinos y en los rugidos, aprender a ser tan prudente como valiente.

Los libros de viajes tienen una garra que se aferra al pecho del lector, lo arranca del sillón y lo empuja fuera de casa, a irse aunque no sepa a dónde. Pasar las páginas de esas vivencias mientras se está cómodamente sentado en algún sitio es sentir que algo se nos escapa, que estamos perdiendo alguna oportunidad magnífica, que la aventura está llamándonos desde no sabemos dónde, y que criaremos una enorme panza de aburridos si no le hacemos caso.

Las páginas de Kane hay que leerlas y después digerirlas, aceptar esa confesión de las propias contradicciones, la descripción de un sentimiento en una dirección, que a la hora de expresarlo en voz alta, se convierte en un razonamiento en dirección contraria. El protagonista, agotado y asustado por el río, madura durante un buen rato las razones por las que ha decidido abandonar la expedición. Llega ante el guía y simplemente dice. “Cuenta conmigo, llegaré hasta el final”.

Ese es el gran mérito del libro, de la narración: todos nos sentimos de alguna forma identificados con ese miedo que sentimos dentro y que convive con esos actos valientes que llegamos a hacer. Y exactamente lo contrario, también sentimos como propios esos valores que aseguramos tener dentro y acabamos actuando alguna vez con la mayor cobardía. Las contradicciones de estar vivo.

A fin de cuentas, todos, en nuestras pequeñas vidas, navegamos por nuestro Amazonas particular, permanentemente hacia la desembocadura, conociendo gentes y lugares que nunca acaban de ser nuestros, situaciones, riesgos, maravillas y penas que siempre van quedando atrás.

Y un buen día nos encontramos como los protagonistas, que no saben si han llegado al final de su aventura hasta que uno bebe del agua en que navegan y simplemente dice: sal.  




14 agosto 2009

La banalidad telediaria

Pantalón de Obama fuera de moda. Lifting de Berlusconi. Culo de la Bruni contra culo de la Leti. Eso son las noticias que se exhiben en los noticiarios de máxima audiencia y en las portadas de los diarios de máxima tirada. Realmente eso es lo más destacado que ha pasado en el mundo en 24 h.?

Comentarios: Que éste está gordo, que aquel lleva peluquín, que el muerto negro que parecía blanco tiene hijos blancos del semen de sus amigos. ¿Eso es todo lo que se les ocurre con lo que está cayendo? No se trata de ponerse moralistas ni de convertir cada diario en un berrinche o un lacrimal sin cura. Pero seguro que han pasado otras cosas por ahí mucho más interesantes. Porque realmente, a alguien le importa de verdad si un político lleva peluquín o quién se acuesta con quién? Y si realmente tienen tanta gente preocupada por esas cuestiones, que las traspasen a esos programas de sobremesa de tanta audiencia. 

Llevamos una temporada larga con los accidentes de tráfico en prime-time. ¿Dónde está la novedad de que un coche se salga de carril y se empotre en la bionda de una curva? Vale que se quiera ayudar a disminuir la siniestralidad, pero tanto tema repetido parece más un anuncio de compañía de seguros que un noticiario. Y ni aumenta ni disminuye la cantidad de accidentes, porque acaba resultando indiferente.

Un chico ha muerto de un navajazo en un barrio marginal de una ciudad. ¿Eso es noticia? ¡Mueren a docenas cada día! Se busca la imagen chillona, la proximidad, el comentario simplón del vecino más indignado o más dolido. Y mientras nos dan una hora de menudencias trufadas de publicidad (con alguna guinda válida para compensar), el mundo va haciendo de las suyas y nosotros nos enteramos cuando les da la gana.

El noticiario de la noche es el mismo del mediodía, con alguna cosita para distinguirlos. Y es casi el mismo del día siguiente de madrugada, comprimido en menos minutos. Y al final nos dan un mundo muy pequeño, donde pasan sólo las cosas muy evidentes y donde casi todas las preguntas quedan sin respuesta.

¿Dónde están los grandes analistas de la bolsa, que además transmitan la información económica, de la que dependemos todos, de una forma entendible y amena? ¿Dónde están los grandes analistas de política que sepan interpretar entre tanto griterío de parvulario cutre, por dónde van los tiros? Cuando sacan el navajazo del barrio, dónde está la mínima investigación para exponer la situación en la zona? Resumiendo: dónde están los periodistas?

Al final, entre noticias simples, temas que no se tocan y repeticiones vagas, acabamos con desidia mental. Y caemos en lo que dijo Machado: “Esa segunda inocencia que da en no creer en nada”.

Texto: Marga Alconchel