Mostrando entradas con la etiqueta poder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poder. Mostrar todas las entradas

14 julio 2020

Los bufones de Dios


Es una gran obra literaria de Morris West, escrita en 1981, parte de su cuatrilogía sobre el Vaticano que empezó con Las Sandalias del Pescador, siguió con Los Bufones de Dios, Lázaro y Eminencia.

West (1916- 1999) es un gran conocedor de los entresijos del Vaticano y de la Iglesia en sí misma. Australiano de nacimiento, estudió en el Christian Brother’s College y profesó votos para el sacerdocio. Los votos se tenían que renovar anualmente, y después de 12 años decidió probar la vida laica. Se casó, trabajó en el servicio de Inteligencia durante la II Guerra Mundial tuvo cuatro hijos y finalmente se dedicó en exclusiva a la escritura.

El Papa ha sentido una revelación, cree que el fin del mundo está cerca, lo toman por desequilibrado y lo obligan a abdicar. Todas las dudas, todas las versiones, todas las consecuencias de cada decisión. Todo el temor de que tenga razón y lo hayan hecho abdicar o de que fuera un simple despiste humano y lo hayan desterrado al olvido.


“Cuando alguien recibe esa iluminación interior que le da un nuevo sentido a la vida y a la fe, me siento colmado de dicha. Simplemente me permito advertirle que el consuelo y la fuerza  pueden no durar. La fe no depende de la lógica y el momento de la intuición puede no repetirse. Es preciso esperar y estar preparado para largos periodos de oscuridad y a menudo, para una destructora confusión.”

Con todas las reflexiones habituales en West, el protagonista se encuentra con una pequeña niña discapacitada que se acerca a él sin miedo, con una eterna sonrisa. Y recuerda la definición que hizo alguien de esas personas, eternamente alegres, eternamente necesitadas de ayuda, eternamente regalando cariño, esos pequeños bufones que Dios ha puesto en el camino para que cada uno reflexione sobre su propia vida. Y de ahí un cambio existencial que comportará también, un riesgo geopolítico mundial.

La novela mantiene el ritmo entre los momentos de reflexión, de meditación, de conversaciones intensas, y los otros de acción policíaca, de poner en realidad palpable lo que eran conjeturas mentales.


West, gran conocedor de los entresijos del Vaticano como estructura política con poder real sobre mil millones de personas, iglesias en todo el planeta y cuentas bancarias con muchos ceros, reflexiona por boca del Papa en las consecuencias de todo lo que hace y sobre todo, en el gran monstruo rígido y aislado del presente en el que se ha convertido la iglesia de los pobres.

Los bufones de Dios también incluye un tema frecuente en la literatura de West: la soledad de los sacerdotes mayores, el contrasentido de tener vocación de servir a un colectivo de más de mil millones de creyentes y acabar anciano y solo. La añoranza de sentir unas vocecitas que le llamen abuelo, el vacío de no haber criado un hijo propio al que enseñarle desde el principio a navegar en los vaivenes del mundo, la frialdad de un lecho en el que nadie le regala un abrazo de buenas noches.


 West no ataca el celibato vocacional, pero siempre pone el acento en la soltería forzada, en el vacío de la casa, en la vejez desamparada, en el miedo que va expandiéndose en el corazón de los que tuvieron vocación de ayudar a todos siguiendo una fe y se ven mayores, con dudas existenciales y dependencias existenciales que les resultan desde vergonzosas hasta humillantes. Y en todas sus reflexiones se le nota un punto de queja personal, de lamento por los sacerdotes que tuvieron que dejar de serlo, por los hombres que no pudieron desarrollar su capacidad de padres de un hijo, por todo lo que no les dejaron ser.



10 enero 2020

El señor de las moscas


William Golding es el autor de esta novela de 250 páginas, editada en 1983 por el extinto Círculo de Lectores, que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1983. No obstante, habían pasado bastantes años desde que la había publicado por primera vez, ya que su tema no acababa de conseguir público. Paulatinamente, por recomendaciones de los que la habían leído, fue haciéndose un espacio en el mercado del libro hasta llegar a ser considerada una gran obra. Habían pasado veinte años.

La sinopsis del libro es inquietante: un avión tiene un accidente, cae en una pequeña isla desierta y sólo sobrevive un pequeño grupo de niños, con edades entre los 6 y los 13 años. La estancia en un ambiente aislado de influencias externas, sirve al autor para diseccionar el comportamiento humano influido por la cultura recibida, pero también sometido a unos comportamientos instintivos que afloran una parte muy poco civilizada de cada uno.

Afán de protagonismo, lucha por el poder, coacciones para permanecer en el grupo, maltrato a los más pequeños... y reacciones lógicamente infantiles: preferir jugar antes de vigilar una hoguera de señales, bañarse y corretear antes que recoger frutas para guardar…

La situación se complica con los miedos a lo que no se ve, a los ruidos, a una tormenta como la que hizo caer al avión, a la presencia invisible de un monstruo (según asegura uno de los grupos) al que hay que entregarle alguna ofrenda para que no les ataque... Todo el abanico de reacciones humanas plasmadas en unos niños en los que esos impulsos o condicionantes no son tan férreos como en los adultos, pero existen.

Las conclusiones del autor a lo largo del relato es que el ser humano alberga en sí mismo una maldad intrínseca, una voluntad de hacer daño que puede llegar al asesinato.

Sobe el autor, la solapa del libro comenta: "Golding tuvo una vocación literaria precoz, pero más latente que efectiva, puesto que tardó mucho en materializarse. Le asaltó cuando contaba siete años y no cobró vida real  hasta los cuarenta y tres cumplidos del escritor, cuando le publicaron su primera novela, El señor de las moscas. Nacido en St. Columb Minor (Cornualles, Gran Bretaña) en el seno de una familia dedicada a la enseñanza (el padre) y la activa militancia sufragista (la madre), Golding estudió en Oxford y se aprestó a convertirse en profesor.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue comandante de lancha torpedera, desembarcó en Normandía y se desengañó un tanto de la bondad del género humano. La guerra suele dejar mal sabor en el alma. Una vez los clamores del éxito alcanzado por El Señor de las moscas (llevada al cine por Peter Brooks en 1963) acabaron de despertar su adormilada vocación, Golding comprendió que, además de la labor pedagógica, existían otros horizontes, y animado, empezó a publicar más o menos asiduamente”.