Un terremoto se ha llevado un poco de tierra, muchas casas y todo el presente de un país entero. Un país que a duras penas había salido de las dictaduras de los Duvalier, que a duras penas tenía algo bueno de la democracia y seguía teniendo lo peor de las condiciones humanas.
Desgarro internacional, voces de apoyo, toneladas de ayuda que llegan de todos los rincones. Los cooperantes en catástrofes humanitarias tienen que batallar con voluntarios que tienen eso, voluntad y poco más. Gente en las calles pidiendo ayuda y con la paciencia infinita que tienen los que no tienen nada más.
El presidente del país estuvo invisible durante los primeros días. No estaba herido, sólo estaba desbordado. Y no tuvo lo que debería tener como presidente: el gesto, la palabra, la presencia entre su pueblo que sufre. La voz que los calme y la guía para canalizar la ayuda, porque se supone que es el que mejor conoce su país. Pero sólo se le vio cuando llegaron Hilary Clinton y después Teresa de la Vega, porque los importantes han de ser recibidos por los importantes. Y mientras, todo el mundo sabe que Haití era un país sin gobierno efectivo y ahora sin techos.
Hasta la paciencia se acaba cuando pasados varios días el hambre crece, la ayuda sigue almacenada y nadie la distribuye porque falta esto o aquello. Y alguien asalta, y aparece el pillaje y hay que poner orden y al final los soldados toman las calles y todo el mundo hace la misma pregunta “¿Aquí quién manda?”
Todos los cuellos se giran hacia la ONU por su imagen neutral y de árbitro. Pero tampoco da la talla. En una situación de catástrofe, aunque hagan falta más recursos continuamente, tiene que haber un timón muy firme, una cabeza de organice y dirija lo que va llegando, que sepa dónde está lo más grave. Una voz que tenga credibilidad ante los demás, un órgano bajo cuya dirección se pongan todos nada más llegar, para que les indique dónde y cómo canalizar la ayuda. Y eso no se ha visto. Tampoco se vio en el tsunami indonésico, ni en el Katrina que se paseó por el país más rico del mundo.
Parece que hay escoceduras de poder incluso cuando se trata de gente que se muere. Nadie se coordina porque todos quieren ser dueños de su propia ayuda y de su propia voluntad y de los destinos de aquellos a los que están salvando la vida. Todos creen que saben más que los demás. “¡Falta coordinación!” es el grito de todos, pero una vez dicho, nadie se pone a coordinarse con los demás. Y ese es caldo perfecto para una apropiación del país.
Quizás sea demasiado cómodo hacer todas estas reflexiones desde un rincón europeo. Pero los toros se ven en toda su proporción desde la barrera. Desde la arena están demasiado cerca. Así que desde esta comodidad preguntamos: ¿Miles de ONG y una ONU y no han sido capaces nunca de establecer un organigrama que esté bien engrasado para intervenir rápidamente en las situaciones de catástrofe, con el compromiso de todas las organizaciones de ayuda de someterse a su dirección? No estoy hablando de un grupito de políticos llenos de buenas intenciones, estoy hablando de médicos, bomberos o militares entrenados en situaciones de emergencia severa. Y hasta de ingenieros y arquitectos que calibren el estado de las ruinas. O especialistas multidisciplinares. Pero el fantasma del “¡A mí no me das órdenes!” campea alegremente. Los soldados americanos se están adueñando de la situación. Exactamente: ni coordinan ni organizan más que lo suyo. Que no es poco, pero no es lo que tiene que ser.
Mientras, a nosotros se nos pide 1 euro para Haití. Una aportación que se canaliza a través de los bancos que crearon nuestra crisis y nos cobran intereses. Y que cobran la deuda externa del país más pobre del Caribe y le cobran intereses. Unas instituciones que siempre sacan rédito, porque se saben imprescindibles. No estoy tontamente en contra de la banca. Pero la inmoralidad vergonzosa que ha demostrado en las peores situaciones la convierte en “non grata”. Con unos beneficios declarados de miles de millones, no se les ha oído ni un suspiro de apoyo. Eso sí, el cobro legal e inmoral de comisiones por las trasferencias de ayuda a Haití lo escudan con un “es un problema informático, no se puede arreglar.” Y si te empeñas en que te lo devuelvan, te enredan en mil trámites burocráticos que cansan al más valiente.
Al parecer, las ONG’s, la ONU y la banca no recuerdan que es más fácil conservar la dignidad que recuperarla.
Texto: Marga Alconchel.
Un hombre lleva a una niña a urgencias; se ha caído de un columpio y llora mucho. El médico le dice que sólo tiene el susto y un chichón. A los tres días el hombre vuelve al hospital porque la niña sigue llorando, otro médico diagnostica malos tratos, la niña acaba muriendo y el hombre es acusado de violador y asesino. Y era inocente.
Es un caso que hemos oído en los medios y que levantó feroces pasiones en contra del hombre. Todos lo hemos visto salir esposado del furgón policial y todos hemos oído los insultos. Y ahora todos tenemos mal gusto de boca por habernos precipitado. Y él pide, abotagado por ansiolíticos, que le pidan perdón y que le dejen en paz. Y que dejen de sacar su imagen esposado. Los medios ya lo han hecho y al menos Iñaki Gabilondo y Pedro Piqueras le pidieron perdón en sus noticiarios de máxima audiencia.
Los medios fueron culpables de linchamiento? Lo fue la gente? Todos repitieron lo que dijeron los médicos. Los médicos son culpables? No es tan simple. Un médico de urgencias recibe a un hombre con una niña de tres años en brazos que llora, como recibe a docenas cada día. Y bajo su criterio la envía a casa con una caricia en la cabeza y un "no pasa nada". Otro médico recibe a la misma niña, ve los moratones del columpio, deduce malos tratos y avisa a la policía, como es su deber. Son culpables? No. No creo que ningún médico, sea de urgencias o no, deje de atender deliberadamente a una niña que está grave. No creo que ningún médico, ante un cuerpecito lleno de moratones, active el protocolo de violencia por frivolidad. Pudieron ser despistes, pudieron ser malas evaluaciones de los síntomas, pudieron ser miles de incidencias en algunas horas de un servicio de guardia. Que ambos tienen una responsabilidad, sí. Que sean culpables de esa muerte creo que es desmesurado.Los médicos salvan miles de vidas cada día, algo que se olvida cuando se equivocan con una. No se les puede pedir que sean infalibles.
Sí que es entendible que ese hombre, al que han marcado de por vida, quiera que alguien sea el responsable de todo, alguien al que poder meter en la cárcel para que con él se encierre la desgracia que lleva encima y que todos le pidan perdón. Es muy humano su sentimiento y desde aquí le pido disculpas porque yo también creí que era culpable. Todos nos acogimos al criterio médico y a la cadena de hechos que se fueron sucediendo. Hasta que otro médico, forense, dijo que no hubo malos tratos, sólo conmoción cerebral por la caída del columpio y al no ser atendida se agravó hasta el final.
Y eso ha puesto en cuestion que si los medios se precipitan, que si la opinión pública es manipulable y manipuladora. Todo cierto y todo matizable. La infancia es (o habría de ser) un territorio a salvo de salvajadas.Y si parece haber un culpable, todos nos echamos contra él. Cuando resulta que no lo es, nos retiramos desconcertados, aunque el mal ya está hecho. Es un enorme daño, y ese hombre necesita y se merece toda la ayuda que sea precisa. Pero un hecho tan doloroso no ha de desdibujar los logros conseguidos.
Es bueno que la gente tenga acceso inmediato a las cuestiones que le afectan directamente. Es bueno que los medios den la información de que disponen cuando tiene el mínimo aval imprescindible (en este caso, el informe médico y la actuación policial). Y es correctísimo que siempre se hable de "presunto" porque no es culpable hasta que lo diga un juez. Y es inevitable que haya errores. Y es un sano ejercicio pedir disculpas con el mismo énfasis con que se culpabilizó.
En este caso, es más de admirar todavía que el hombre, con lengua de trapo por la medicación, haya comentado que aunque se hayan ensañado con él, lo suyo pasará, pero la niña ya no va a volver. Y eso es lo que a él más le duele, que se podría haber salvado. Estoy segura de que el hospital tiene una investigación en marcha y que dos médicos no duermen desde hace días. Y que ese hombre ahora empieza a descansar algo, aunque le falta una niña cerca.
Pese a lo traumático de todo, creo que ha sido una cadena de hechos que sólo tiene víctimas. Y desde estas líneas doy apoyo a la clase médica en conjunto, a la información veraz y por supuesto, toda la solidaridad a Diego, el hombre mal acusado. Hemos de seguir viviendo cada día, porque la vida es quien más duramente ajusticia.
Texto y fotos: Marga Alconchel
Un hombre me comentaba entre sollozos que ha muerto su primer nieto a las veinte horas de haber nacido y que él no consigue digerirlo ni entenderlo. Era una enfermedad gravísima y no fue posible salvarlo. Que su hija y su yerno, creyentes, quisieron que fuera bautizado y con eso se confortaron y han decidido que una vez que pase este impacto, van a buscar otro hijo.
El hombre está deshecho. No entiende que un dios pueda consentir que un bebé haya muerto y tanto culpable ande por la calle sin más castigo. Este hecho se le suma a sus propias heridas y se le ha quebrado el eje. Literalmente es un alma en pena que no encuentra ni norte ni sentido a los días.
Dicen que la vida es eso que va pasando mientras hacemos otros planes. Este hombre ha tenido una vida intensa y complicada, ha viajado, ha leído, ha bebido y ha disfrutado. También se quedó sin padres muy joven, tuvo que hacerse cargo de dos hermanos menores, montó un negocio y un colega de profesión se lo fue torpedeando hasta que tuvo que cerrar. Todo, alegrías y penas, viven en su alma, pero no le caben.
Este hombre, que en su infancia era creyente y después descreído, anda ahora desnortado, hurgando entre libros de new-age, de filosofías de nombres asiáticos y terapias de todas las vertientes. Pero nada le consuela, nada le alivia, nada le quita el plomo que siente en las alas cada vez que tiene la idea de volar y le falla el ánimo.
Y se pregunta si existe algún dios, y qué dios existe, y cómo es capaz de consentir todo lo que está pasando en todo el mundo, y cómo es capaz de no morirse de vergüenza de ver su propia obra, y cómo puede él hablarle directamente para que lo mire a los ojos y le diga porqué murió un bebé que llevaba veinte horas en el mundo.
Y a una pregunta tan simple y tan difícil, sólo se le pueden presentar argumentos cerebrales y espirituales, pero no le sirven al dolor del alma. Y argumenta que se hará una religión a medida con un pedazo de ésta y otro de aquella, porque necesita creer y no encuentra en qué.
Probablemente, si pudiese mirar su propia vida desde la cima de una montaña, si todo lo hecho y lo recibido y todo lo que contiene su memoria se le presentase como piezas de un paisaje, podría hacer una especie de inventario. Y darse cuenta de que nadie es totalmente malo ni totalmente bueno, que muchas cosa suceden por causas que están más allá de nuestro punto de vista, y no me refiero a un dios inasequible. Me refiero a puras cuestiones biológicas, o ecológicas, o planearias. Que los problemas no suelen tener una causa sola, ni las penas una sola raíz. No se trata de conformarse con lo que ha caido en nuestro tejado, sino entender que no estamos al margen de lo que cae en los tejados.
Probablemente, si desde esa cima pudiera ver a los que siente como enemigos irrespirables, notaría que también tienen sus miserias, que más que diabólicos, son patéticos. Ante unas agresiones sin descanso, una persona respondió "Que desgraciado tienes que sentirte para ser tan ruin". Quizás si ese hombre desde esa cima pudiese ver toda su vida, hacer inventario y entender cada una de sus partes, podría firmar las paces con sus propios contenidos.
Todos buscamos ser felices. Pero la felicidad se nos escapa porque la buscamos donde no está. La felicidad nació con nosotros, desde fuera sólo nos llegan satisfacciones. Un bebé es feliz, y sin embargo, no tiene ninguna causa externa para serlo: depende de que le den de comer, de que le abriguen y lo protejan; abandonado no dura ni 24 horas. Pero ríe, porque nació feliz. Luego crece y la vida le va poniendo amarguras como telarañas sobre esa luz interior, hasta que la opacan y ya no la ve y la busca fuera, donde encuentra satisfacción en las amistades o en los logros conseguidos, pero no esa luz que conoce, porque esa está dentro de él, oculta bajo telarañas.
Y ese es el segundo trabajo, una vez que baje de su cima: disfrutar de cada un de las partes que ha conocido, entender lo de mágico y lo de penoso que tiene cada una, y captar la religiosidad de cada instante, sin que haya un dios al que regalarle el mérito. Analizar desde la divinidad que hay en cada uno de nosotros, con nobleza, con justicia y sin revanchismos que nublen la vista. Y lo que sea intolerable, procurar expulsarlo de la propia vida.
Césare Pavese escribió su mejor verso el ultimo día de su vida: "Perdono a todos y a todos pido perdón".
Texto: Marga Alconchel
Hay políticos y gente que está en la política. Políticos que tienen Sentido de Estado y gentes que se apuntaron al carro de lo público “para forrarse”. Políticos que llegaron a lo público como cumbre de una carrera de fondo, llena de trabajo, estudio y compromiso. Y personajillos que llegaron a lo público de cualquier manera, desde los amiguismos a los asaltos militares, según el país. Desde los trajes de marca a las marcas verde oliva de algunos trajes.
Son gentes que están, pero no son. Usan grandes sillones, tienen micrófonos atentos, se desgarran ofendidísimos por cualquier opinión que no sea la suya…Pero siguen sin ser políticos. No entienden lo que significa Cosa Pública, no entienden lo que significa Interés General, Situación Multicultural, Compromisos Internacionales. Lo suyo siempre es personalísimo, o como mucho, está partido.
Tener Sentido de Estado se define más por lo que no es: No tienen Sentido de Estado los presidentes americanos que fuerzan elecciones para perpetuarse en el poder, salvapatrias de guiñol. No tiene Sentido de Estado el que bloquea todo cambio en su isla, convirtiéndola en patrimonio hereditario en la figura de su hermano. No tienen Sentido de Estado los políticos europeos (incluidísimos los españoles) que confunden las instituciones del estado con el partido en el poder, y se dedican a ensuciarlas aprovechando cualquier atril, sea dentro de las fronteras o fuera. No tienen Sentido de Estado los reyezuelos africanos que cobran ayudas millonarias para salvar la miseria de su tierra y después envían a sus tres esposas favoritas a buscar objetos de lujo por el mundo para decorar su nueva mansión. No tienen Sentido de Estado los que insultan todo lo que se mueva si no es de los suyos.
No tienen Sentido de Estado los que quieren aplicar una apisonadora sobre las culturas que no conocen o sobre las aspiraciones de la gente que no piensa como ellos, usando el argumento de que como fueron anulados como nación hace siglos, hace siglos que no tienen derecho a nada. No tienen Sentido de Estado los que exigen la cabeza de los corruptos ajenos y aplican la tolerancia y el beneficio de la duda sobre los propios. No tienen Sentido de Estado los que menosprecian la formación de un gobierno ajeno porque tiene demasiadas mujeres (“gobierno rosa” lo llamó el italiano), los que se apropian de los medios de comunicación para que sólo se comunique lo conveniente (el italiano, el venezolano), los que conocen información peligrosa y la callan hasta el momento que más les convenga. No tienen Sentido de Estado los que insultan a la Judicatura (un Poder del Estado, no lo olvidemos) cuando no les da la razón y que trufan la vida pública de denuncias sólo por protagonismo, convirtiendo el trabajo de gestionar un país en una carrera de obstáculos innecesarios.
No se ve, entre los nombres más conocidos del politiqueo interno y externo, ni una sola persona con Sentido de Estado. Ni en esta península-puente entre dos continentes y dos aguas, ni en los países que la rodean ni en los que están más lejos. No significa que no haya, sino que no se les oye ni se les ve. Y las gentes de a pie estamos deseando que se manifiesten. Estamos deseando que las personas que ocupan los grandes cargos tengan también grandes contenidos, grandes palabras y grandes hechos. Barack Obama es una hermosa esperanza, pero de momento sólo es eso.
Sabemos que todos somos humanos, que cualquiera puede cometer un desliz y que cualquiera puede verlo. Y que la grandeza de esas personas con Sentido de Estado está también en asumir sus errores y sus debilidades. Entonar el mea culpa los engrandece, igual que hacer limpieza en las propias filas cuando corresponde. La frasecita de “no admito ni media lección de honestidad” es una estupidez contraproducente; la historia ha demostrado sobradamente que todos tienen que recibir muchas lecciones.
A los votantes de a pie, sean del color y partido que sea, se les ruborizan hasta las rodillas cuando se enteran de sobornos y trapicheos. Y cuando descubren que aquellos que se llevaron carretadas de votos han sido pillados y han puesto vergonzosamente de cabeza de turco al último monín y después quieren cerrar el asunto sin más. Cuidado: las heridas cerradas en falso revientan en pus.
Texto y fotos: Marga Alconchel
Pantalón de Obama fuera de moda. Lifting de Berlusconi. Culo de la Bruni contra culo de la Leti. Eso son las noticias que se exhiben en los noticiarios de máxima audiencia y en las portadas de los diarios de máxima tirada. Realmente eso es lo más destacado que ha pasado en el mundo en 24 h.?
Comentarios: Que éste está gordo, que aquel lleva peluquín, que el muerto negro que parecía blanco tiene hijos blancos del semen de sus amigos. ¿Eso es todo lo que se les ocurre con lo que está cayendo? No se trata de ponerse moralistas ni de convertir cada diario en un berrinche o un lacrimal sin cura. Pero seguro que han pasado otras cosas por ahí mucho más interesantes. Porque realmente, a alguien le importa de verdad si un político lleva peluquín o quién se acuesta con quién? Y si realmente tienen tanta gente preocupada por esas cuestiones, que las traspasen a esos programas de sobremesa de tanta audiencia.
Llevamos una temporada larga con los accidentes de tráfico en prime-time. ¿Dónde está la novedad de que un coche se salga de carril y se empotre en la bionda de una curva? Vale que se quiera ayudar a disminuir la siniestralidad, pero tanto tema repetido parece más un anuncio de compañía de seguros que un noticiario. Y ni aumenta ni disminuye la cantidad de accidentes, porque acaba resultando indiferente.
Un chico ha muerto de un navajazo en un barrio marginal de una ciudad. ¿Eso es noticia? ¡Mueren a docenas cada día! Se busca la imagen chillona, la proximidad, el comentario simplón del vecino más indignado o más dolido. Y mientras nos dan una hora de menudencias trufadas de publicidad (con alguna guinda válida para compensar), el mundo va haciendo de las suyas y nosotros nos enteramos cuando les da la gana.
El noticiario de la noche es el mismo del mediodía, con alguna cosita para distinguirlos. Y es casi el mismo del día siguiente de madrugada, comprimido en menos minutos. Y al final nos dan un mundo muy pequeño, donde pasan sólo las cosas muy evidentes y donde casi todas las preguntas quedan sin respuesta.
¿Dónde están los grandes analistas de la bolsa, que además transmitan la información económica, de la que dependemos todos, de una forma entendible y amena? ¿Dónde están los grandes analistas de política que sepan interpretar entre tanto griterío de parvulario cutre, por dónde van los tiros? Cuando sacan el navajazo del barrio, dónde está la mínima investigación para exponer la situación en la zona? Resumiendo: dónde están los periodistas?
Al final, entre noticias simples, temas que no se tocan y repeticiones vagas, acabamos con desidia mental. Y caemos en lo que dijo Machado: “Esa segunda inocencia que da en no creer en nada”.
Texto: Marga Alconchel
Lamentablemente, yo no tengo un bosque. Así que cuando arden miles de hectáreas, cuando mueren abrasados 11 hombres intentando apagarlos y cuando me dicen que tardarán noventa años en volver a estar como estaba, siento que se ha perdido algo mío que no es mío. Porque los bosques son de todos, pero en su mayoría tienen dueño con nombre y apellidos, no son públicos.
En algún sitio el propietario de un bosque comentaba que es carísimo cuidarlo y que no les dejan sacar beneficio razonable de ese cuidado. Y que encima es imposible vallarlo, y los domingueros lo llenan de basura que lo enferma y ayuda a propagar incendios. Que cuando todo está bien, es gracias a todos. Y cuando está mal, es culpa del propietario. Y que al final acaban tirando la toalla.
Imagino que tener una propiedad de tropecientas hectáreas de bosque de pinos y matorral significa tener mucha madera que no puedes tocar. Y mucho suelo que no puedes sembrar ni edificar. Y mucho “monte de caza” que no puedes alquilar alegremente. Mucho dinero al que no tienes acceso, pero por el que pagas impuestos. También imagino que Ayuntamientos y propietarios tienen muy claro que es importante que esos bosques estén vivos y en perfecto estado. Como patrimonio verde, por salud planetaria y por atracción turística, que todo cuenta. Los ayuntamientos dicen que no tienen personal para limpiar los bosques, pero también es cierto que no es una actividad espectacular que levante votos.
La Ley de montes dice cómo hay que cuidarlos. También está escrito que sólo se cumple en un 13%. Hay quien habla de que arden por el rayo, otros por abandono, otros dicen que por pirómanos enloquecidos, otros hablan de venganzas vecinales, de herencias mal definidas y terrenos peor marcados. Como en las pelis, preguntamos otra vez: ¿A quién beneficia todo esto?
En el pueblo de Salt (Girona) han cogido infraganti a un pirómano que encendió 7 fuegos al lado de la carretera. No era tontería juvenil, tiene 72 años y antecedentes. A veces detrás de esos comportamientos hay odios enconados durante toda una vida. ¿Y qué culpa tienen los árboles?
¿Y los que son puro accidente, cómo los evitamos? El invierno pasado se avisó que había llovido mucho, que la primavera sería fértil y por tanto el verano, con alto riesgo de fuego. ¿Con seis meses de antelación ya se sabía y ha tenido que arder medio país? Se habla de concienciar a las generaciones que suben. La mayoría ya están concienciadas, se toman muy en serio la vida verde. Pero una cosa es la conciencia y otra el curro. Alguien no está haciendo los deberes.
Si los habitantes de los pueblos, los que están justo al ladito, se quejan de abandono y las instituciones forestales de que no dan abasto, algo hay que cambiar. Quizás trabajos de reinserción social, quizás condenas severas y rápidas a los culpables, quizás trabajos forestales que den créditos lectivos a los estudiantes, quizás brigadas de soldados que hagan algunas semanas de ejercicio bajo las copas… Se aceptan ideas: Se nos quema el país.
Texto y fotos: Marga Alconchel
Siete chicos han violado por turnos a una chica de 13 años. Y a los pocos días, otra chica, otros chicos, mismo hecho. No es una cuestión de sexo: es violencia contra alguien vulnerable. No se les puede meter en la cárcel, tampoco deberían estar en la calle. Algo muy serio falla cuando les importa más pertenecer a un grupo que el daño que causan.
Unas voces piden bajar la edad penal: mal anda una sociedad que para atajar la violencia mete en la cárcel a niños de menos de 14 años. Los que lo defienden dicen que si ya tienen edad de hacer daño, tienen edad para pagarlo. Eso entraría en el convencimiento de que hay gente (niños) que nacen intrínsecamente malos y por tanto sólo se les puede encarcelar. Dicen que las leyes son demasiado permisivas. La historia de la Humanidad ha demostrado sobradamente que se gana más educando que pegando.
En este problema hay dos lados que atender, la víctima y los atacantes. Mirando a los atacantes, hay dos cuestiones que decidir: que se hace ahora con éstos, y cómo evitar que más adelante lo hagan otros. Y de dónde salen éstos para evitar que salgan otros.
Y ahí nos encontramos con niños asilvestrados que han crecido sin guía familiar, ambientes donde los pequeños delitos son lo habitual, climas sociales donde el concepto de bien/mal es muy, muy flexible. Críos llenos de dudas que las solucionan con lo que ven a su alrededor: gana el que pega primero. Es evidente que solucionar eso es mucho más complejo que educar a los chicos para que no ataquen, pero ese es un principio.
En esos ambientes marginales también hay una inmensa bolsa de inmigración que traen sus propias leyes y sus propias culturas, no siempre respetuosas. Y todos se influyen entre sí. Una maestra de escuela me comentaba que tenía un alumno islámico que cuando cumplió 7 años empezó a no hacerle caso porque en casa le habían dicho que las mujeres son inferiores y él ya era un hombre. Y por supuesto, los demás críos de la clase querían seguir su ejemplo. Esas son las causas que hay que atajar para que no vuelva a suceder.
Por supuesto, también están los que no han conocido problemas económicos y sencillamente creen que son superiores y eso les concede impunidad. Y si sobrevienen problemas, papápaga. Tampoco han de ir a la cárcel, pero también tienen mucho que aprender.
Y con lo que ya ha pasado, qué hacemos? Dejar en la calle a un chico que sabe que ha hecho mal y ha comprobado que puede burlar a la justicia con las propias armas de la justicia es un ejemplo muy peligroso. Esos niños concretos necesitan un severo trabajo sicológico, en una institución cerrada o no, según determinen los que de eso saben. Pero no pueden quedarse impunes. Tienen que aprender ahora lo que no aprendieron en su momento. Y saber que hacer daño nunca es la salida para nada.
En una ocasión, un chico que conducía a lo loco y ponía en riesgo a los demás, fue condenado a realizar trabajos sociales en una clínica de rehabilitación de tetrapléjicos, muchos de ellos por accidentes de tráfico. Quedó concienciado de por vida, sin un sólo bofetón.
Quizás por ahí haya un poco de esperanza para este caso, porque con 13 años no se puede decir que son irrecuperables. Martín Luther King dijo: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol”.
Texto y fotos: Marga Alconchel