07 mayo 2017

El desorden no sostenible

Disorder (Desorden) es la representación gráfica del caos, del fracaso de objetivos, metas y estados.  Es el fracaso de los Estados como nación de gentes, el malestar social de los colectivos con demasiados problemas, los efectos irrecuperables del cambio climático y los actos de quienes lo niegan, las catástrofes naturales inducidasHa sido el tema del premio Pictet que se expone estos días en Barcelona.

Kofi Annan dijo: “Nuestra época se define por el desorden. Nuestro dominio de numerosos aspectos de la vida nos ha llevado a creer erróneamente que hemos sometido el planeta a nuestra voluntad. Sin embargo, la fragilidad de este postulado queda al descubierto cada vez que se produce una pandemia, un terremoto, un tsunami o una sequía. Cada día que pasa, el espejismo del orden salta hecho añicos”.

El premio Prix Pictet busca conseguir que el mundo preste atención a la sostenibilidad a través del impacto de la fotografía en todos sus géneros. Varios de sus mejores autores exponen las obras presentadas al premio 2015 en el Palau Robert de Barcelona.

Las fotografías expuestas, impecables, pictóricas, detallistas, ponen ante los ojos el desorden del mundo en el sentido de lo que está mal, lo que no puede acabar bien, las consecuencias de los actos hechos sin pensar, de las acciones del hombre que sólo calcula el beneficio (o la venganza) en el minuto presente, como si no afectara al día de mañana, como si los culpables fueran siempre impunes, como si las víctimas tuvieran que dar las gracias por seguir vivos.

Son fotografías de todas las partes del mundo, de conflictos, de desastres o de detalles. Son los desórdenes del mundo, el caos que va comiéndose el presente y carcomiendo el pasado.

Sophie Ristelhueber (http://www.sophie-ristelhueber.fr/ ) presenta su serie Once Explosiones, dedicada a las explosiones que dejan cráteres (“tumbas”) en los suelos de Irak varias veces al día. En sus comentarios relaciona estos cráteres con la situación en los diversos lugares de guerra que ha visitado, desde Turkmenistán a Siria, Cisjordania o Irak.


 










Alixandra Fazzina (http://noorimages.com/photographer/fazzina/ ) nacida en Inglaterra, presenta su serie Un millón de chelines, ambientada en el cuerno de África, la guerra, el caos, la violencia, la pobreza, la vida destrozada de la gente que no tiene nada más que minutos de presente. Solo el mar es una vía de escape posible, con más riesgos que certezas. Sus fotos narran el viaje de los desesperados en manos de traficantes hasta los puertos de Somalia. El viaje cuesta 50 dólares, un millón de chelines somalíes.

Gideon Mendel (http://gideonmendel.com/ ) nacido en Sudáfrica, colaborador de National Geographic, presenta sus fotografías bajo el título Un Mundo inundado. Estudia y muestra los efectos del cambio climático desde una perspectiva cercana y comparativa, desde lo que representa una inundación en la India o en Inglaterra, una realidad y a la vez una metáfora de una fuerza arrolladora que entrelaza el destino de las personas entre la inevitabilidad y la solidaridad.

Maxim Dondyuk (http://maximdondyuk.com/ ) nacido en Ucrania, estudia el presente urbano en la serie Cultura de la confrontación. Ucrania, choques, cócteles molotov, manifestaciones a favor de la UE, lucha de las gentes por un futuro mejor. El fotógrafo comenta que “con mucha frecuencia perdí de vista la frontera entre realidad y ficción, me olvidé del espacio, del tiempo y de las causas”.  


















Brent Stirton (http://www.brentstirton.com/ ) nacido en Sudáfrica, ha llamado a su serie La profanación del paraíso. Considera que la naturaleza siempre está en orden, es el hombre el que impone desorden, muerte, caos. Los espacios salvajes del Congo, el primer parque nacional de África, también es el lugar de 11 grupos paramilitares, un ejército rebelde y el oficial congoleño. Y la casa de los orangutanes y rinocerontes.

Pieter Hugo (http://www.pieterhugo.com/ ), nacido en Sudáfrica, titula a su serie Error permanente. Ambientada en un vertedero tecnológico de Ghana, traslada la deshumanización, la desesperanza, la fragilidad, la supervivencia sin esperanza, el otro lado de nuestros aparatos tecnológicos.

La ganadora de esta exposición es Valerie Belin. (http://valeriebelin.com/ )Nació en Boulogne-Billancourt (Francia) en 1964. Ha llamado a su serie Naturaleza Muerta. Son conjuntos de objetos abigarrados con un sentido estético pictórico. No son objetos de gran valor económico o de gran belleza, son baratijas, objetos de usar y tirar, despilfarro de materias primas, vanidades, un consumismo que está exprimiendo y destruyendo al planeta sin prisa y sin pausa.

Valerie Belin












El premio

Prix Pictet es un premio fotográfico creado en Francia en 2008, de periodicidad anual y dotado con 100.000 francos suizos (92.000 €). Se le concede al fotógrafo que haya creado un relato como obra artística excepcional alrededor del tema del año. Detrás están el grupo financiero Pictet & Cie y el periódico Financial Times. Su temática es el desarrollo sostenible, y su presidente de honor, Kofi Annan, que fue secretario general de las naciones Unidas entre 1997 y 2006.

La participación no es libre. Varias personalidades seleccionadas en los campos de las Bellas Artes y los medios de comunicación de todo el mundo deciden el lema del año, que se da a conocer en el Encuentro Fotográfico de Arles, en el espacio de su teatro romano. Después seleccionan a los fotógrafos, a quienes invitan a participar presentando una serie de 10 fotografías. Se da a conocer el ganador a través del Financial Times. En el certamen de 2015, 260 nominadores propusieron más de 700 nombres, de los que quedaron 12 finalistas, de siete nacionalidades. La presentación de las obras se realizó en el Museo de Arte Moderno de París, donde se hizo público el nombre de la ganadora, Valèrie Belin. Con las obras premiadas y las seleccionadas se realiza una gira de exposiciones y se edita un libro.

Los temas escogidos desde el inicio han generado gran impacto: El agua en 2008, ganado por Benoit Aquin con su trabajo sobre la desertificación en China. La Tierra en 2009, ganado por Nadav Kander con su trabajo sobre el impacto generado en el campo y las gentes por los cambios en el curso del rio Yangtsé. En crecimiento, en 2011, premió la obra de Mitch Epstein sobre el caso de EEUU. El poder fue el tema de 2012, y Luc Delahay fue el ganador por su serie sobre el poder político y la fuerza de la naturaleza. El consumo fue abordado en 2014 y ganado por Michael Schmidt. El desorden fue el tema de 2015, y su ganadora fue Valèrie Belin. El premio de 2016 se dedicó al espacio.

Desde 2015 hay un premio específico para Japón. Una fuerte donación anónima impuso la creación de un premio específico que reconociera la participación de Japón como un centro de fotografía mundial. Un jurado independiente, presidido por Fumio Nanjo (director del Museo de Arte Mori), otorga un galardón independiente. Después de estudiar las obras japonesas presentadas a concurso desde su principio en 2008, otorgó el primer galardón a la fotógrafa Tomoko Kikuchi, por su serie El Rio, presentada en 2013, sobre la ingente transformación de las condiciones económicas, sociales y ambientales durante la construcción de la presa de las Tres Gargantas, en China.


La colección Disorder , con imágenes de Ilit Azoulay, Valèrie Belin, Matthew Brandt, Maxim Dondyuk, Alixandra Fazzina, Ori Gersht, John Gossage, Pieter Hugo, Gideon Mendel, Sophie Ristelhueber, Brent Stirton, y Yang Yongliang, está expuesta en el Palau Robert de Barcelona hasta el 28.05.2017. Entrada libre. 

09 abril 2017

Se ha suicidado un niño de 11 años

Ha sido una noticia reciente (http://www.20minutos.es/noticia/3007305/0/nino-suicida-novia-fingir-muerte/ ). En EEUU, una niña de 13 años y sus amigos hicieron creer al novio de ella, de 11 años, que ella se había suicidado. Y él reaccionó ahorcándose en su habitación. Lo encontró su madre y lo llevó al hospital, pero no sobrevivió. 

La niña ideó una broma de mal gusto, exagerada, infantilmente torturante (quizás acababa de leer una novela de Shakespeare), pero broma al fin. Sus amigos la siguieron en ese comportamiento tan humano de “hacer piña”, de colaborar con lo que sea por los amigos. Y lo extendieron por las redes sociales, rapidísimas, multiplicadoras de cualquier voz. 
Tysen Benz,  de once años, extrovertido, simpático y deportista, se lo creyó todo, porque era ella, porque eran sus amigos, porque salía en las redes sociales, porque a su edad no tenía más recursos de experiencias vitales para comprobarlo por sí mismo. Luego la decisión trágica, que sólo conociendo su mente y su entorno familiar podríamos llegar a entender.  

Y después la reacción de la madre, Katrina Goss. Con el ánimo hundido de dolor por la pérdida de un hijo necesita encontrar un culpable a quien volcarle ese peso. Averiguó que su hijo había comprado un móvil a escondidas, que se veía con la niña, a la que ella no llegó a conocer. El comportamiento habitual de dos niños que se gustan y empiezan a dar pasitos por la vida en esa nueva etapa.

De ahí a considerar a la niña culpable de asesinato va un abismo. La madre ha considerado que la niña es culpable de esa muerte, la acusa de haber utilizado un ordenador para cometer un crimen, de utilizar con maldad las redes sociales, y asegura que “con 13 años ya eres consciente de tus actos. Siento que se aprovechó de mi hijo para manipularlo porque era mayor que él. No creo que esto se deba tomar a la ligera”. No está hablando de adultos metidos en juegos macabros. Está hablando de niños a los que la broma se les fue de las manos.

La reacción de la madre, aun pudiendo ser entendible, es excesiva y muy cuestionable. Un suicidio es un hecho personal. Tysen decidió quitarse la vida, y con ese dolor seguirán viviendo sus padres y sus hermanos de 10 y 14 años. Probablemente ni la niña ni sus amigos esperaban algo así, probablemente ella está tan asustada e impactada como los amigos que participaron en la broma. Todos tendrán en su interior el peso de esa muerte, porque también era amigo de ellos, porque la niña y él eran “novietes”.

En las noticias publicadas dicen que la madre ha declarado que la niña “No hizo nada para ponerse en contacto conmigo o con las autoridades”. Lógico: la niña y sus padres están seguros de no haber cometido ningún delito, tienen su duelo propio y en todo caso, después de las declaraciones de la otra madre, mantienen las distancias. Pero Katrina Goss insiste en que es como un asesinato y quiere que tenga alguna clase de castigo.
La niña ya tiene castigo, y largo. En el colegio todos sabían que salían juntos, así que todos saben lo que ha pasado. En su casa también habrá tenido conversaciones sobre el uso del ordenador. La que nunca habló con ella es precisamente la que la acusa de asesinato.

A veces el dolor nubla los ojos. Los padres de ambos son los que han de tener un comportamiento adulto, no los niños. Las iniciativas, las conversaciones, las explicaciones, los pasos, los tienen que dar los adultos, y después hablar con los niños. Las decisiones se deben tomar después de hablar, de entender, de conocer todos los ángulos de lo que haya pasado.

Sólo entonces se podrá decidir si ha sido una maldita broma que se fue muy lejos, o si hay varios clientes para los sicólogos. Pero la salida no puede ser empezar por acusar de crimen a una niña de trece años. Eso, en un país con pena de muerte y que tiene a menores en la cárcel, puede coger un camino muy peligroso. 

07 abril 2017

El Celler de can Roca, un mundo en sí mismo

Dicen que lo que llenó nuestra infancia estará presente en toda nuestra vida, para bien y para mal. Los hermanos Roca (Joan, Josep y Jordi) crecieron entre fogones, cazuelas, verduras y carnes, y les han llenado la vida para bien. Con ellos han creado Can Roca, un universo absoluto, reconocido en todo el mundo y nombrado en 2013 El Mejor Restaurante del Mundo.
Ahora celebra sus 30 años sin haber querido nunca alejarse de la primera cocina, aquella de la infancia. Una trayectoria que ahora se exhibe el Palau Robert de Barcelona, encuadrada en el Año de la Gastronomía y Enoturismo, en el que Catalunya ha sido declarada Región Europea de la Gastronomía
La trayectoria vital de los hermanos Roca, su filosofía, sus proyectos y sus metas se recogen en una exposición con el acertadísimo título De la Tierra a la Luna, como aquella novela de Julio Verne que hacia real lo imposible. Y esa era la meta que parecían haberse marcado los Roca y que han conseguido sobradamente. Y sin haber perdido la tierra bajo los pies, ni las cazuelas de la madre y la abuela en aquel primer bar que dio origen a todo, donde los críos ayudaban en la cocina y jugaban a llevar platos en los brazos.


Sólo desde la pasión y el sentido de la vida como un todo que todo lo envuelve puede entenderse la trayectoria de los hermanos, lo que han conseguido y la inmensidad que han alcanzado casi sin haber sacado (simbólicamente) los pies de casa. 

Un sentido holístico de la vida para convertir cada idea, cada pensamiento, cada imagen, cada noticia, en un referente culinario y alimenticio, en un acto que llevará a incorporar esa vivencia al interior de uno mismo por la vía del gusto. Una afinidad de piano entre las capacidades y las peculiaridades de cada hermano, un sentido de la dirección en que han de remar todos, un respeto a la tradición y una absoluta entrega a la modernidad. Todo se une en el mundo de los Roca, en ese viaje vital que los lleva de la Tierra a la Luna continuamente.

Hubo  años de profesionalización, de especialización, de paso por el Bulli de Ferràn Adrià. De ir consolidando una carta que aúna novedades al lado de los platos de siempre, esos que han evolucionado en nuevos conceptos y presentaciones, sin haber olvidado nunca la raíz que les da sentido.

Los diferentes ámbitos de la exposición pasean por los conceptos de su cocina y de su proyecto, sus propuestas y hasta sus inventos, porque para crear algunos platos han tenido que empezar creando la máquina que los haría posibles. Su filosofía, su estrategia con todo el equipo que hace posible cada plato, e incluso su especialización: Son tres hermanos y cubren todo el espectro de una buena mesa, Joan en cocina, Josep en vinos y Jordi en postres.
Una parte de la visita recrea en 360º el universo de los Roca. Tres máscaras (a escoger) permiten al visitante observar desde dentro y con visión total los tres ámbitos del mundo Roca: guiso, vino, postre. En el de los vinos, Josep muestra y explica los “escenarios” que ha creado en su bodega para explicar a las visitas sus sensaciones y sus vinculaciones con clases de uva, con matices, con formas plásticas de explicar un sabor o una textura. Explica mirando al espectador que la uva Riesling le recuerda a la seda dorada, que los campos del Priorat son su infancia, que el vino tiene tierra y tiene cielo. En el de los postres, Jordi solidifica humo para un postre y recrea la filigrana de un pase de futbol que acabó en gol.

La implicación de todos los miembros del equipo, la fantasía, la poesía, la creatividad, la actualidad que los rodea, los recuerdos, la alegría, incluso la presencia de su coach Inma Puig (conocida por su labor en el FC Barcelona) una figura imprescindible para que el engranaje emocional y creativo de todo el equipo funcione como un reloj que marca la buena hora para todos.

Todo lo demás es el simbólico viaje a la Luna, los éxitos, los reconocimientos, e incluso los viajes de exhibición, en los que trasladan literalmente el restaurante, que sin embargo, nunca han querido clonar o multiplicar en otros lares. Viajan por todo el mundo para aprender de todo el mundo, para mostrarse a todo el mundo… y para volver siempre a casa, porque Can Roca está en la misma tierra desde siempre, y no hay sucursal en el mundo.


La exposición permanecerá en el Palau Robert hasta el 23 de abril de 2017. Web del propio Celler de Can Roca: Celler de Can Roca

Video promocional de la exposición (1,04’): Expo Palau Robert


13 marzo 2017

PèlaPèl, las mascotas que siempre están ahí.

Las mascotas son esos seres no humanos que llenan de humanidad el día a día de muchas casas. Gritan, se enfadan, rompen lo que les da la gana y a muchos hay que sacarlos a su “cuarto de baño exterior”. También son infinitamente pacientes, cariñosos, intuitivamente comprensivos y caritativos. Y gracias a Olga Muñoz Blasco, son modelos de pintura.

Olga Muñoz Blasco en su web se define a sí misma como: “Pintora y restauradora. Tengo estudios de Grado Superior de Artes Plásticas y Diseño realizados a la Escuela Massana y soy Conservadora – Restauradora por la Universitat de Barcelona.  Me he especializado en la Restauración de Colecciones de Ciencias Naturales. Imparto clases de Procedimientos Pictóricos en “Massana Permanent”, cursos de Formación Continuada.”

Después de esa presentación tan aséptica y profesional, Olga desgrana las imágenes de sus mascotas, retazos de piel doméstica en los que cada pelo tiene su lugar en el espacio, cada detalle conforma, con una inmensidad de luz, un volumen que le hace completamente real, físico. Todos juntos llenan la exposición PèlaPèl (Pelo a pelo) en Museu Blau de Barcelona.

Unas obras limpias, luminosas, claras, donde el trazo exacto imprime volumen a la obra. Las mascotas parecen vivas, relajadas, curiosas. Y las que están de frente realmente miran al visitante. El efecto es tan vital que sorprende no sentir ladridos y maullidos en esa zona de museo.

El pequeño video que acompaña la exposición muestra una pincelada de la forma de trabajar de la pintora. Su formación le imprime una forma de trabajar extraordinariamente detallista, minuciosa, dedicada a cada pelo (de ahí el nombre de la exposición, Pelo a Pelo) para que adquiera un volumen y un lugar concreto en la obra, para que sea un reflejo absolutamente real del animal que corretea por el estudio de la pintora. Obras hechas sin prisa, con grandes dotes de observación y un gran sentido del volumen y la perspectiva para que cada trazo sea inmediatamente un pelo.

Los lienzos reproducen pedacitos de mascota: una oreja, los colores del lomo, un ojo de mirada diáfana, un lugar donde se unen varios colores con pliegues de piel. Y todo bañado por una luz absoluta, clara. Una exposición que da calma, que mueve admiración por la precisión en el trazo… y que incita a encontrar una mascota que nos mire así.


La exposición PèlaPèl permanecerá en el Museu Blau, en pleno Fórum de Barcelona (Pl. Leonardo da Vinci, 4) hasta el próximo 29 de octubre de 2017.













05 febrero 2017

La Religión y la calle

Europa tenía civilización, progreso y relativa paz social mientras el poder lo tenía el imperio romano, con tantos dioses que era como no tener ninguno. Había ciudades con calles adoquinadas y sistema de alcantarillado, baños públicos con agua caliente, foro público para las cuestiones de la ciudad. En cuanto una religión monoteísta tomó las riendas de la historia, la vida cotidiana sufrió un retroceso de siglos, y se hundió en la Edad Media.

En las tierras orientales, las vidas de las gentes se regían por sus propias costumbres adaptadas a su geografía, sus climas y sus ciclos, y todo avanzaba a la velocidad de los Hombres. Se hacían grandes descubrimientos en astronomía y en matemáticas, se debatía sobre filosofía con gentes de todas las culturas. En cuanto una religión se adueñó del poder e impuso su tiempo no-terrenal, la vida de las gentes sufrió un retroceso y un desgarro insalvable con su entorno.

Los ejemplos se suceden a lo largo de este planeta tan castigado por sus propias criaturas. Mientras lo terrenal se rige por criterios terrenales, todo va avanzando con más o menos fortuna. A la que las cuestiones mundanas empiezan a regirse por parámetros no visibles, no tangibles, no de este mundo, todo se va desmoronando a una velocidad alarmante.

Los romanos tenían reguladas las relaciones entre hombres y mujeres, las cuestiones de salud pública, la urbanidad en sus ciudades, los embarazos y los partos. No es que fueran un modelo de santidad laica, pero abordaban las cuestiones de la gente desde un sentido práctico, humano, terrenal, y por tanto más fácil de entender y usar (también tenían machismo y esclavitud, que no son tema de este texto).

Cuando un grupo de gentes tomaron el poder en nombre de un solo dios, con el que sólo ellos podían comunicarse, que sólo ellos entendían y que sólo a ellos les transmitía los criterios con los que tenían que regirse todos, todo se fue a pique. Se estableció una jerarquía, unas relaciones de dominio, unas imposiciones y unas sanciones para el que no las cumpliera.

El tema de la injerencia de las religiones en la vida no religiosa es una de esas cuestiones que no se acaban de definir nunca. Los partidarios de esas religiones piden que su creencia esté presente en todo, puesto que quieren que todo cumpla esos criterios que alguien aseguró que un dios le había transmitido directamente en persona.

Los que no tienen religión a la que aferrarse piden a los que la tienen que su fe se quede en el ámbito de lo privado, y que la ciencia y la urbanidad marquen el día a día de todos, porque cada uno tiene su propia sensibilidad y todas son respetables. Así que lo público ha de ser exquisitamente a-teo, sin dios, escrupulosamente atento a las cuestiones públicas de las personas para que funcione en paz el día a día de la gente. Y las religiones en casa de cada uno.

Los que tienen una fe dicen que el ser humano no es un animal precisamente porque tiene fe, y que reducirla al ámbito privado es como avergonzarse de ella y abandonar lo público a la barbarie. Es un enfrentamiento muy antiguo, unas veces cruento y otras no, y que no tiene visos de acabarse pronto.

La religión, como cualquier organización colegiada, protege ferozmente a sus miembros. De vez en cuando afloran casos de pederastia (contra los más vulnerables, los niños), de robo (contra la base de su sistema: la confianza de los demás), de manipulación. De hombres que juraron celibato y se dedican a las orgías.

Pero lejos de depurarlos, las religiones los protegen o los esconden. El mensaje es claro: consideran más enemigo al que no es de su religión que al delincuente entre los suyos. Los fieles se desconciertan, los ateos se indignan, todos los ciudadanos pagan las consecuencias. Y las religiones siguen, impunes.

 Y por si no hubiera bastante con el conflicto ateo-religioso, tenemos la historia llena de conflictos religión-religión. Todas quieren ser la única, todas consideran que son la verdadera y todas quieren tener el monopolio del espacio público. Y si de paso pueden extirpar a las demás, mejor.    

Sin entrar en los valores de ninguna de ellas, una de las cosas que más las iguala es la violencia ejercida contra las personas más cercanas, los pobres, los desamparados, los desbordados por los problemas, que viven el día a día buscando soluciones donde sea. Todas las religiones dicen que son acogedoras, pero todas ejercen violencia (o indiferencia) contra esas gentes. Muchas veces porque no son evidentemente creyentes: no van a reuniones o a manifestaciones en las calles.  Cuando la tensión sobrepasa un punto  soportable, sólo queda marchar. Y eso obliga a grandes desplazamientos, a migraciones de miles de personas para salvar la vida.

Después, lo que tantas veces se ve en los noticiarios: penurias por el camino y problemas de acogimiento cuando no un rechazo directo por parte de la tierra de destino. Es terriblemente injusto, pero también es una reacción con una lógica visceral: los refugiados no van a ir a los barrios caros ni van a competir por los trabajos de grandes ejecutivos. Los refugiados son un peso y un riesgo para los más pobres de cada sociedad. Que también son los más solidarios porque conocen la miseria. Y ya está la bomba montada.

El ser humano siempre ha buscado respuestas a las grandes preguntas. Y ha elaborado religiones para moverse en esa inmensidad desconocida. Es un deseo muy humano, como humano es tener una convivencia en paz. Por eso las religiones han de estar escrupulosamente separadas de la gestión pública. No deben estar mantenidas con dinero público, porque eso obliga a los que no tienen esa fe a financiarla. No deben formar parte de los estudios a ningún nivel, porque no se puede examinar la fe o la creencia de nadie, ni se debe obligar a nadie a memorizar unos textos en los que no cree.


Todas las religiones en su conjunto necesitan un fuerte saneamiento después de siglos de impunidad y de no adaptarse al presente. Y eso no quita que sean respetables en esencia, y que sus fieles tengan su espacio privado para sus reuniones y ritos. Pero deben mantenerse escrupulosamente fuera de la calle de todos.


31 enero 2017

Museo del Perfume

El Paseo de Gracia barcelonés fue definido una vez como “el sueño de un pastelero” en referencia a las fachadas adornadas, que al comentarista le parecieron como enormes pasteles de boda.


En una de esas fachadas de pastel se ubica desde hace 80 años la antigua y soberana Perfumería Regia, uno de los establecimientos con más solera y más especializados en el mundo de los aromas. Y en la parte de atrás de su local se abre la magia de un museo.

El sentido del olfato es uno de los más biológicamente importantes para el desarrollo humano. Los primeros humanos encontraban las presas con las que comer por el olor y aprendieron que su propio olor podía espantarlas y a la vez atraer a quienes los cazarían a ellos. Durante siglos, se estudiaba el olor personal de alguien (feromonas) para conocer su salud y lo que comía. Los olores de algunas plantas servían para ahuyentar pequeños animales o para sanear atmósferas enfermas. Con el tiempo, los humanos creyeron en dioses y les hacían ofrendas de olor en forma de flores o inciensos o esencias concentradas, que acompañaban ritos y ruegos.

El olfato es uno de nuestros sentidos más intensos, y hay suficientes estudios que demuestran que los olores despiertan sensaciones y estímulos, pueden modificar el estado de ánimo, curar y enloquecer. El perfume ha tenido siempre un lugar propio en la sociedad, y por supuesto, se le ha enfrascado adecuadamente.

Con ese bagaje histórico e infinita curiosidad, Ramón Planas fue recopilando envases, objetos y curiosidades alrededor del mundo del perfume, hasta reunir una colección con la que abrir un museo en el Paseo de Gracia, en medio de ese “sueño de un pastelero”.

El Museo del Perfume fue inaugurado en 1961, y tal como reza su propia página, está dividido en dos grandes ámbitos: uno para los envases antiguos de esencias, ungüentos, ofrendas y cuidado personal. Y otro, más cercano en el tiempo y más mundano, para los perfumes comerciales, protagonistas de anuncios y de campañas, resultado ya de procesos industriales.

La información es impoluta, el primer ambiente, el más antiguo, resulta mágico. Frascos mínimos para contener esencias concentradísimas, lágrimas de flores o de resinas… o de venenos, que seguro que también estuvieron en maravillosos envases como esos. 



Soluciones originales para cuestiones cotidianas: a falta de higiene (propia o ajena), pendientes con pequeños receptáculos para difundir perfume alrededor de narices delicadas, o anillos. O dispositivos, como hisopos florales, para esparcir aromas y mezclas que sirvieran también de desinfectante. Las esencias no eran para pobres, y así también hay delicados envases labrados con botellitas de vidrio y el escudo de casas nobiliarias. Y envases de piedras semi-preciosas (opalina, fluorita) con tapones en filigrana de plata. O de oro.

La función de traer buena suerte también se aplicó a los aromas: unos cántires de cristal tallado de las islas Pitiusas, las almorratxes, con varias bocas, servían para esparcir aromas en las bodas para mejorar el olor ambiental y traer la buena suerte. Algunos cántires no tenían pie, no se podían apoyar de ninguna manera, porque su destino, después de regar el ambiente de buen olor y buena suerte, era ser estrellados en tierra para sellar el rito.

Los usos medicinales de esencias también llegaban hasta el final, con bálsamos y ungüentos para enfermedades y para el tratamiento de cadáveres: el museo guarda un ejemplar de la época romana del siglo II. Cada cultura tiene su propia estética, y al lado de los conocidos frascos occidentales se exponen cajitas con agujeros del mundo asiático, decoraciones y colores de Thailandia, China….

La parte del Museo que abarca la perfumería industrial se sumerge en bellísimos frascos, en nombres evocadores, en etiquetas multicolores y en campañas publicitarias que vendían emociones envasadas. Un perfume llamado “Bésame”, escenas de languidez y de hedonismo, perfumes en forma de polvo o de crema. También destacan los envases simpáticos, en forma de teclado de piano, de templete oriental, de torso humano…


Es una visita de las que llenan el ánima de buen humor, de las que bailan con las cuestiones puramente sensoriales, de olores, formas, colores, al lado de emociones más sutiles, de placidez, de leve sensualidad, de aquellas emociones atávicas que albergamos en lo más profundo de nuestro ser humano, porque a fin de cuentas, el olfato es uno de nuestros sentidos básicos, de los que conforman nuestra forma de ser y estar en este planeta.