14 mayo 2017

El encanto de los fotolibros

El poeta Stéphane Mallarmé decía que “todo existe para acabar en un libro”. El Fenómeno Fotolibro (Photobook) es el tema que llena el espacio de Foto Colectania, la fundación dedicada, desde 2002, a difundir la fotografía y su coleccionismo a través de exposiciones (fijas e itinerantes) y toda clase de actividades vinculadas. Es la primera exposición en la nueva sede de Colectania, ampliada y completada en las salas del CCCB.

Foto Colectania comenzó en la calle Julián Romea, 6 del barrio de Sant Gervasi de Barcelona, una sede más pequeña que la actual, aunque con su personalidad ya definida en la forma de exponer las obras y el uso del espacio. Nació, según sus propias palabras, “con el objetivo de difundir la fotografía en el ámbito social, artístico y educativo”. En marzo de 2017 se trasladó al emplazamiento actual, el Paseo Picasso, 14 de Barcelona, frente al parque de la Ciutadella.

Esta nueva sede ocupa el espacio rehabilitado de la antigua Comercial de Guarnicionera, una tienda de cuatro metros de altura dedicada a material para los trabajos de guarnición ecuestre y para bolsos, maletas y toda clase de útiles. Sus hermosas vitrinas de madera ahora albergan los cientos de libros de su biblioteca, todos alrededor de la fotografía, la imagen, su impacto social, sus herramientas, sus autores, sus portfolios. El fondo de la fundación se completa con 2.500 fotografías desde los años 50, de más de 60 autores mayoritariamente portugueses y españoles y el Archivo Paco Gómez, entregado por su familia en 2001 y compuesto por más de 24.000 negativos y 1.000 copias de autor.  
Gerry Badger dijo que “el libro es el lugar natural de la fotografía”. Con esa premisa, las grandes paredes y las finas columnas del local van paseando por los primeros fotolibros, los grandes autores, los motivos y las imágenes icónicas que transmiten todo un tratado sin palabras. El espacio permite la contemplación calmada, y en cada una de las inmensas paredes, además de fotografía se exhiben videos en los que unas manos pasan todas las páginas del libro.


Tres inmensas paredes acogen la mayoría de las imágenes de esta exposición. Una para las obras y las colecciones de Manuel Álvarez Bravo (1902-2002). Un cartel informa que “fue propietario de un mundo propio y complejo, formado por imágenes, las colecciones que formó, las fotos de otros que admiró, los objetos que reunió a lo largo de su vida”. De la fotografía dijo: “Toda fotografía expresa parcialmente, es como una frase; cuando esta frase se une a otras adquiere otra dimensión, alcanza un sentido y encuentra la expresión completa en la exhibición y en el fotolibro”.

Otra para Gabriel Cualladó (1925-2003), que se aficionó a la fotografía cuando tenía 30 años, y según sus palabras, hacía fotos “con la cámara y el corazón”. Buscaba reflejar las emociones humanas, quedó marcado por el humanismo y por las antologías de Otto Steinert, por la libertad de William Klein, por el orden de Henri Cartier-Bresson y por “la agilidad, el misterio, el genio, la tristeza y el extraño sigilo de una sombra” de Robert Frank. Su biblioteca personal (que es un museo en sí misma) posee material propio y de otros, sobre todo fotolibros (a los que llamaba ensayos fotográficos) entre los años 50 y 90 del siglo XX.


Henri Cartier-Bresson (1908-2004) ocupa otra pared con sus momentos únicos. Dijo “Cuanto sé de fotografía lo aprendí pintando en el taller de André Lothe, leyendo a Stendhal, el diario Le Monde, aprovechando las críticas de mis camaradas”. El cartel que acompaña sus imágenes habla de sus influencias y de los libros que compondrían su biblioteca ideal, que estaría llena de pinturas, pero no de fotos, porque “Cartier-Bresson sabía hacer casi a la perfección su trabajo fotográfico sin tener que pensar en él”.

Parte de la exposición se exhibe en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB): La exposición reivindica el valor del fotolibro en la cultura visual contemporánea y propone una reinterpretación de la historia de la fotografía a través del fotolibro y de la fotografía impresa. Nueve comisarios, figuras clave del movimiento del fotolibro, comparten sus respectivas visiones en una exposición coral en el CCCB y en la Fundación Foto Colectania”. http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/fenomeno-fotolibro/225004

Para la difusión de la fotografía, Colectania  define un lema anual, alrededor del que presenta exposiciones y múltiples actividades paralelas. El tema de 2017 es Photobook In Print/On line, para el que ha convocado un primer evento: El Photobook Club Online se presenta como un nuevo nodo en la red internacional que convoca a los diferentes photobook clubs de todo el mundo a participar en la primera sesión en Internet. En este primer encuentro, el 17 de mayo de 19 a 21 h., los participantes propondrán y explicarán un libro de fotografía que les represente de alguna manera, además de introducir brevemente la dinámica y trayectoria de su organización”. Actividad en Foto Colectania y retransmitida por streaming en inglés. http://www.fotocolectania.org/es/activity/169/primer-encuentro-online-de-photobook-clubs-internacionales


La exposición Fotolibro permanecerá en las sede de Foto Colectania y en el CCCB hasta el 25 de junio de 2017. http://www.fotocolectania.org/es/exhibition


08 mayo 2017

Los tejados de Justo y Pastor

Las viejas ciudades acumulan historias, edificios, restos arqueológicos... y también rincones especiales que pasan desapercibidos en la vorágine de todo lo que hay que ver.

 Barcelona tiene un Barrio Gótico, y en él, apretujada entre las mini-calles que protegían las viejas murallas, hay una basílica que se mantiene discretamente en pie, sin estridencias, dedicada al culto cristiano ininterrumpidamente desde el siglo IV. Fue vendida por los Limosneros de Mir en 985 y transformada en iglesia gótica en 1342, en unas obras que se alargaron hasta 1574. Es la Basílica dedicada a los mártires Santos Justo y Pastor


Fue el último gran templo gótico construido en la ciudad, levantado sobre los restos de una iglesia románica. Una vez terminado, alzaba al cielo su nave central de cinco tramos, su ábside poligonal y las seis capillas rectangulares instaladas entre los contrafuertes de cada lado.

Hoy su puerta se abre en una minúscula plaza, de la que salen calles en las que casi no cabe un coche, donde comparte espacio con terrazas de bar, tiendas de suministros, balcones con macetas y ropas tendidas, en ese mundo abigarrado que es el Barri Gótic, creado cuando las murallas protegían y asfixiaban el espacio.

Los siglos y los vaivenes históricos han ido añadiendo y quitando, consiguiendo un lugar único, lleno de detalles, sereno y calmado en medio de la vorágine de un barrio intensamente turístico. Las guías hablan de sus restos visigóticos, de su órgano de tres niveles y 1.885 tubos. De su espléndido retablo de la Pasión pintado por Pere Nunyes entre 1528 y 1530. Incluso de la imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona de Canarias y donada por la Casa Canaria en Catalunya.


Pero la visita guarda un lugar con vistas. En un rincón estrecho y discreto se abre una escalera de caracol que llega, esforzadamente, hasta el campanario, hasta el cielo de los tejados que la rodean.

Como corresponde, la escalera es estrecha y empinada. Algunas veces parece hecha para agobiar al que intente seguir ascendiendo, y siempre hace pensar en la talla física de las personas que la construyeron y que la usaban, seguramente mucho más pequeños que la media actual. 

El camino hacia el campanario pasa por una terraza intermedia a la que se abren las vidrieras del edificio, mostrando un trabajo artesano minucioso que unió los cristales de colores entre venas de plomo fundido. La dilatación del calor y la contracción del frío quedaban absorbidas por el plomo y el vidrio sobrevivía a todas las estaciones.

 
 Los escalones desgastados dan fe de las muchas suelas que los han usado. Al alcanzar la terraza del campanario se abre el cielo, sonríe la cruz lobulada y los tejados del barrio entero muestran sus lomos hasta donde alcanza la vista. Los turistas alemanes que se han atrevido a subir respiran hondo después de algunos tramos en que han tenido que subir de lado, literalmente. A fin de cuentas, los caminos fáciles no suelen llevar a sitios interesantes.
La basílica está tan encajonada entre las casas que los tejados casi se tocan, por las ventanas se ve la vida del barrio y los terrados de los edificios muestran ropas tendidas y armarios de ascensores, los elementos que recuerdan que estas piedras de miles de años están mirando al siglo XXI. 

Toda Barcelona se desparrama por los alrededores, muestra sus altas intimidades, sus alturas, su mar, siempre acariciando las playas y sus montañas, modestas, siempre dejando que se le suban a las laderas. Sus entramados de calles, sus barrios diferentes y diferenciados.  

Es un rincón de una ciudad milenaria que, sin dejar de actualizarse (con mayor o menor acierto), sigue mostrando su pasado, sus edificios, sus rincones, sus piedras vivas.


Web de la basílica: http://basilicasantjust.cat/

07 mayo 2017

El desorden no sostenible

Disorder (Desorden) es la representación gráfica del caos, del fracaso de objetivos, metas y estados.  Es el fracaso de los Estados como nación de gentes, el malestar social de los colectivos con demasiados problemas, los efectos irrecuperables del cambio climático y los actos de quienes lo niegan, las catástrofes naturales inducidasHa sido el tema del premio Pictet que se expone estos días en Barcelona.

Kofi Annan dijo: “Nuestra época se define por el desorden. Nuestro dominio de numerosos aspectos de la vida nos ha llevado a creer erróneamente que hemos sometido el planeta a nuestra voluntad. Sin embargo, la fragilidad de este postulado queda al descubierto cada vez que se produce una pandemia, un terremoto, un tsunami o una sequía. Cada día que pasa, el espejismo del orden salta hecho añicos”.

El premio Prix Pictet busca conseguir que el mundo preste atención a la sostenibilidad a través del impacto de la fotografía en todos sus géneros. Varios de sus mejores autores exponen las obras presentadas al premio 2015 en el Palau Robert de Barcelona.

Las fotografías expuestas, impecables, pictóricas, detallistas, ponen ante los ojos el desorden del mundo en el sentido de lo que está mal, lo que no puede acabar bien, las consecuencias de los actos hechos sin pensar, de las acciones del hombre que sólo calcula el beneficio (o la venganza) en el minuto presente, como si no afectara al día de mañana, como si los culpables fueran siempre impunes, como si las víctimas tuvieran que dar las gracias por seguir vivos.

Son fotografías de todas las partes del mundo, de conflictos, de desastres o de detalles. Son los desórdenes del mundo, el caos que va comiéndose el presente y carcomiendo el pasado.

Sophie Ristelhueber (http://www.sophie-ristelhueber.fr/ ) presenta su serie Once Explosiones, dedicada a las explosiones que dejan cráteres (“tumbas”) en los suelos de Irak varias veces al día. En sus comentarios relaciona estos cráteres con la situación en los diversos lugares de guerra que ha visitado, desde Turkmenistán a Siria, Cisjordania o Irak.


 










Alixandra Fazzina (http://noorimages.com/photographer/fazzina/ ) nacida en Inglaterra, presenta su serie Un millón de chelines, ambientada en el cuerno de África, la guerra, el caos, la violencia, la pobreza, la vida destrozada de la gente que no tiene nada más que minutos de presente. Solo el mar es una vía de escape posible, con más riesgos que certezas. Sus fotos narran el viaje de los desesperados en manos de traficantes hasta los puertos de Somalia. El viaje cuesta 50 dólares, un millón de chelines somalíes.

Gideon Mendel (http://gideonmendel.com/ ) nacido en Sudáfrica, colaborador de National Geographic, presenta sus fotografías bajo el título Un Mundo inundado. Estudia y muestra los efectos del cambio climático desde una perspectiva cercana y comparativa, desde lo que representa una inundación en la India o en Inglaterra, una realidad y a la vez una metáfora de una fuerza arrolladora que entrelaza el destino de las personas entre la inevitabilidad y la solidaridad.

Maxim Dondyuk (http://maximdondyuk.com/ ) nacido en Ucrania, estudia el presente urbano en la serie Cultura de la confrontación. Ucrania, choques, cócteles molotov, manifestaciones a favor de la UE, lucha de las gentes por un futuro mejor. El fotógrafo comenta que “con mucha frecuencia perdí de vista la frontera entre realidad y ficción, me olvidé del espacio, del tiempo y de las causas”.  


















Brent Stirton (http://www.brentstirton.com/ ) nacido en Sudáfrica, ha llamado a su serie La profanación del paraíso. Considera que la naturaleza siempre está en orden, es el hombre el que impone desorden, muerte, caos. Los espacios salvajes del Congo, el primer parque nacional de África, también es el lugar de 11 grupos paramilitares, un ejército rebelde y el oficial congoleño. Y la casa de los orangutanes y rinocerontes.

Pieter Hugo (http://www.pieterhugo.com/ ), nacido en Sudáfrica, titula a su serie Error permanente. Ambientada en un vertedero tecnológico de Ghana, traslada la deshumanización, la desesperanza, la fragilidad, la supervivencia sin esperanza, el otro lado de nuestros aparatos tecnológicos.

La ganadora de esta exposición es Valerie Belin. (http://valeriebelin.com/ )Nació en Boulogne-Billancourt (Francia) en 1964. Ha llamado a su serie Naturaleza Muerta. Son conjuntos de objetos abigarrados con un sentido estético pictórico. No son objetos de gran valor económico o de gran belleza, son baratijas, objetos de usar y tirar, despilfarro de materias primas, vanidades, un consumismo que está exprimiendo y destruyendo al planeta sin prisa y sin pausa.

Valerie Belin












El premio

Prix Pictet es un premio fotográfico creado en Francia en 2008, de periodicidad anual y dotado con 100.000 francos suizos (92.000 €). Se le concede al fotógrafo que haya creado un relato como obra artística excepcional alrededor del tema del año. Detrás están el grupo financiero Pictet & Cie y el periódico Financial Times. Su temática es el desarrollo sostenible, y su presidente de honor, Kofi Annan, que fue secretario general de las naciones Unidas entre 1997 y 2006.

La participación no es libre. Varias personalidades seleccionadas en los campos de las Bellas Artes y los medios de comunicación de todo el mundo deciden el lema del año, que se da a conocer en el Encuentro Fotográfico de Arles, en el espacio de su teatro romano. Después seleccionan a los fotógrafos, a quienes invitan a participar presentando una serie de 10 fotografías. Se da a conocer el ganador a través del Financial Times. En el certamen de 2015, 260 nominadores propusieron más de 700 nombres, de los que quedaron 12 finalistas, de siete nacionalidades. La presentación de las obras se realizó en el Museo de Arte Moderno de París, donde se hizo público el nombre de la ganadora, Valèrie Belin. Con las obras premiadas y las seleccionadas se realiza una gira de exposiciones y se edita un libro.

Los temas escogidos desde el inicio han generado gran impacto: El agua en 2008, ganado por Benoit Aquin con su trabajo sobre la desertificación en China. La Tierra en 2009, ganado por Nadav Kander con su trabajo sobre el impacto generado en el campo y las gentes por los cambios en el curso del rio Yangtsé. En crecimiento, en 2011, premió la obra de Mitch Epstein sobre el caso de EEUU. El poder fue el tema de 2012, y Luc Delahay fue el ganador por su serie sobre el poder político y la fuerza de la naturaleza. El consumo fue abordado en 2014 y ganado por Michael Schmidt. El desorden fue el tema de 2015, y su ganadora fue Valèrie Belin. El premio de 2016 se dedicó al espacio.

Desde 2015 hay un premio específico para Japón. Una fuerte donación anónima impuso la creación de un premio específico que reconociera la participación de Japón como un centro de fotografía mundial. Un jurado independiente, presidido por Fumio Nanjo (director del Museo de Arte Mori), otorga un galardón independiente. Después de estudiar las obras japonesas presentadas a concurso desde su principio en 2008, otorgó el primer galardón a la fotógrafa Tomoko Kikuchi, por su serie El Rio, presentada en 2013, sobre la ingente transformación de las condiciones económicas, sociales y ambientales durante la construcción de la presa de las Tres Gargantas, en China.


La colección Disorder , con imágenes de Ilit Azoulay, Valèrie Belin, Matthew Brandt, Maxim Dondyuk, Alixandra Fazzina, Ori Gersht, John Gossage, Pieter Hugo, Gideon Mendel, Sophie Ristelhueber, Brent Stirton, y Yang Yongliang, está expuesta en el Palau Robert de Barcelona hasta el 28.05.2017. Entrada libre. 

09 abril 2017

Se ha suicidado un niño de 11 años

Ha sido una noticia reciente (http://www.20minutos.es/noticia/3007305/0/nino-suicida-novia-fingir-muerte/ ). En EEUU, una niña de 13 años y sus amigos hicieron creer al novio de ella, de 11 años, que ella se había suicidado. Y él reaccionó ahorcándose en su habitación. Lo encontró su madre y lo llevó al hospital, pero no sobrevivió. 

La niña ideó una broma de mal gusto, exagerada, infantilmente torturante (quizás acababa de leer una novela de Shakespeare), pero broma al fin. Sus amigos la siguieron en ese comportamiento tan humano de “hacer piña”, de colaborar con lo que sea por los amigos. Y lo extendieron por las redes sociales, rapidísimas, multiplicadoras de cualquier voz. 
Tysen Benz,  de once años, extrovertido, simpático y deportista, se lo creyó todo, porque era ella, porque eran sus amigos, porque salía en las redes sociales, porque a su edad no tenía más recursos de experiencias vitales para comprobarlo por sí mismo. Luego la decisión trágica, que sólo conociendo su mente y su entorno familiar podríamos llegar a entender.  

Y después la reacción de la madre, Katrina Goss. Con el ánimo hundido de dolor por la pérdida de un hijo necesita encontrar un culpable a quien volcarle ese peso. Averiguó que su hijo había comprado un móvil a escondidas, que se veía con la niña, a la que ella no llegó a conocer. El comportamiento habitual de dos niños que se gustan y empiezan a dar pasitos por la vida en esa nueva etapa.

De ahí a considerar a la niña culpable de asesinato va un abismo. La madre ha considerado que la niña es culpable de esa muerte, la acusa de haber utilizado un ordenador para cometer un crimen, de utilizar con maldad las redes sociales, y asegura que “con 13 años ya eres consciente de tus actos. Siento que se aprovechó de mi hijo para manipularlo porque era mayor que él. No creo que esto se deba tomar a la ligera”. No está hablando de adultos metidos en juegos macabros. Está hablando de niños a los que la broma se les fue de las manos.

La reacción de la madre, aun pudiendo ser entendible, es excesiva y muy cuestionable. Un suicidio es un hecho personal. Tysen decidió quitarse la vida, y con ese dolor seguirán viviendo sus padres y sus hermanos de 10 y 14 años. Probablemente ni la niña ni sus amigos esperaban algo así, probablemente ella está tan asustada e impactada como los amigos que participaron en la broma. Todos tendrán en su interior el peso de esa muerte, porque también era amigo de ellos, porque la niña y él eran “novietes”.

En las noticias publicadas dicen que la madre ha declarado que la niña “No hizo nada para ponerse en contacto conmigo o con las autoridades”. Lógico: la niña y sus padres están seguros de no haber cometido ningún delito, tienen su duelo propio y en todo caso, después de las declaraciones de la otra madre, mantienen las distancias. Pero Katrina Goss insiste en que es como un asesinato y quiere que tenga alguna clase de castigo.
La niña ya tiene castigo, y largo. En el colegio todos sabían que salían juntos, así que todos saben lo que ha pasado. En su casa también habrá tenido conversaciones sobre el uso del ordenador. La que nunca habló con ella es precisamente la que la acusa de asesinato.

A veces el dolor nubla los ojos. Los padres de ambos son los que han de tener un comportamiento adulto, no los niños. Las iniciativas, las conversaciones, las explicaciones, los pasos, los tienen que dar los adultos, y después hablar con los niños. Las decisiones se deben tomar después de hablar, de entender, de conocer todos los ángulos de lo que haya pasado.

Sólo entonces se podrá decidir si ha sido una maldita broma que se fue muy lejos, o si hay varios clientes para los sicólogos. Pero la salida no puede ser empezar por acusar de crimen a una niña de trece años. Eso, en un país con pena de muerte y que tiene a menores en la cárcel, puede coger un camino muy peligroso. 

07 abril 2017

El Celler de can Roca, un mundo en sí mismo

Dicen que lo que llenó nuestra infancia estará presente en toda nuestra vida, para bien y para mal. Los hermanos Roca (Joan, Josep y Jordi) crecieron entre fogones, cazuelas, verduras y carnes, y les han llenado la vida para bien. Con ellos han creado Can Roca, un universo absoluto, reconocido en todo el mundo y nombrado en 2013 El Mejor Restaurante del Mundo.
Ahora celebra sus 30 años sin haber querido nunca alejarse de la primera cocina, aquella de la infancia. Una trayectoria que ahora se exhibe el Palau Robert de Barcelona, encuadrada en el Año de la Gastronomía y Enoturismo, en el que Catalunya ha sido declarada Región Europea de la Gastronomía
La trayectoria vital de los hermanos Roca, su filosofía, sus proyectos y sus metas se recogen en una exposición con el acertadísimo título De la Tierra a la Luna, como aquella novela de Julio Verne que hacia real lo imposible. Y esa era la meta que parecían haberse marcado los Roca y que han conseguido sobradamente. Y sin haber perdido la tierra bajo los pies, ni las cazuelas de la madre y la abuela en aquel primer bar que dio origen a todo, donde los críos ayudaban en la cocina y jugaban a llevar platos en los brazos.


Sólo desde la pasión y el sentido de la vida como un todo que todo lo envuelve puede entenderse la trayectoria de los hermanos, lo que han conseguido y la inmensidad que han alcanzado casi sin haber sacado (simbólicamente) los pies de casa. 

Un sentido holístico de la vida para convertir cada idea, cada pensamiento, cada imagen, cada noticia, en un referente culinario y alimenticio, en un acto que llevará a incorporar esa vivencia al interior de uno mismo por la vía del gusto. Una afinidad de piano entre las capacidades y las peculiaridades de cada hermano, un sentido de la dirección en que han de remar todos, un respeto a la tradición y una absoluta entrega a la modernidad. Todo se une en el mundo de los Roca, en ese viaje vital que los lleva de la Tierra a la Luna continuamente.

Hubo  años de profesionalización, de especialización, de paso por el Bulli de Ferràn Adrià. De ir consolidando una carta que aúna novedades al lado de los platos de siempre, esos que han evolucionado en nuevos conceptos y presentaciones, sin haber olvidado nunca la raíz que les da sentido.

Los diferentes ámbitos de la exposición pasean por los conceptos de su cocina y de su proyecto, sus propuestas y hasta sus inventos, porque para crear algunos platos han tenido que empezar creando la máquina que los haría posibles. Su filosofía, su estrategia con todo el equipo que hace posible cada plato, e incluso su especialización: Son tres hermanos y cubren todo el espectro de una buena mesa, Joan en cocina, Josep en vinos y Jordi en postres.
Una parte de la visita recrea en 360º el universo de los Roca. Tres máscaras (a escoger) permiten al visitante observar desde dentro y con visión total los tres ámbitos del mundo Roca: guiso, vino, postre. En el de los vinos, Josep muestra y explica los “escenarios” que ha creado en su bodega para explicar a las visitas sus sensaciones y sus vinculaciones con clases de uva, con matices, con formas plásticas de explicar un sabor o una textura. Explica mirando al espectador que la uva Riesling le recuerda a la seda dorada, que los campos del Priorat son su infancia, que el vino tiene tierra y tiene cielo. En el de los postres, Jordi solidifica humo para un postre y recrea la filigrana de un pase de futbol que acabó en gol.

La implicación de todos los miembros del equipo, la fantasía, la poesía, la creatividad, la actualidad que los rodea, los recuerdos, la alegría, incluso la presencia de su coach Inma Puig (conocida por su labor en el FC Barcelona) una figura imprescindible para que el engranaje emocional y creativo de todo el equipo funcione como un reloj que marca la buena hora para todos.

Todo lo demás es el simbólico viaje a la Luna, los éxitos, los reconocimientos, e incluso los viajes de exhibición, en los que trasladan literalmente el restaurante, que sin embargo, nunca han querido clonar o multiplicar en otros lares. Viajan por todo el mundo para aprender de todo el mundo, para mostrarse a todo el mundo… y para volver siempre a casa, porque Can Roca está en la misma tierra desde siempre, y no hay sucursal en el mundo.


La exposición permanecerá en el Palau Robert hasta el 23 de abril de 2017. Web del propio Celler de Can Roca: Celler de Can Roca

Video promocional de la exposición (1,04’): Expo Palau Robert