09 agosto 2015

Matar un león, una jirafa, un tiburón...


Zimbabwe es un país africano con grandes extensiones de tierra libre, o sea, no urbanizada. Un espacio tan natural, que los urbanitas de todo el mundo pagan grandes cantidades de dinero por ver cómo es una tierra sin asfalto ni semáforos, cómo es la Tierra con animales de verdad. Ese turismo de nostalgia primitiva (esa que llevamos dentro por ser seres vivos de este planeta), le deja cada año 2.500 millones de dólares sólo para ver, oler, sentir esa Tierra.

En ese espacio reinaba Cecil, un león de melena morena. Los leones fueron los reyes de las sabanas de África y ahora quedan demasiado pocos. Cecil tenía 13 años, era muy conocido, venían a verlo, era el jefe de un clan de tres hembras y varios cachorros, su rugido marcaba el territorio, su perfil era inconfundible.

 Walter Palmer es un dentista norteamericano. De buen nivel económico, no tiene bastante con arrancar muelas y quiere arrancar vidas. Pertenece a una asociación de cazadores, gente impecable del mismo nivel que él y pocos problemas graves, que se dedican a matar por gusto. Es decir, sin motivo alguno. Un humorista norteamericano preguntó en una intervención de Tv si es que a Walter le costaba tanto tener una erección que había ido a matar un león.

El comentario, al margen de la buscada comicidad, se mete en el territorio ignoto del ¿por qué, para qué? Qué mueve a un dentista rico (hay que serlo para soltar 50.000 dólares, el salario de varios años de trabajo para muchos) a cruzar medio mundo para matar desde lejos a un animal que ni sabe que existe? ¿Qué consigue? Los cazadores emplean un lenguaje florido para decir, a fin de cuentas, que les sube la adrenalina y con ella, el placer. Debe ser un placer muy primitivo, muy de la parte reptil de nuestro cerebro, muy básico, del comer o ser comido… pero el que mata está bien comido, a salvo y no forma parte del menú del muerto. Así que, sumando el dinero que cuesta y el nulo riesgo, se llega al punto del “porque puedo”. Matan porque pueden (dinero, siempre dinero), por satisfacer ese primitivismo sin más, por dar órdenes a los que participan en la cacería, por sentirse “dioses” cuando apretan el gatillo y ven caer varios cientos de kilos de vida, un desperdicio “porque pueden”.

 Ese valiente cazador, y los que son como él, pagan para que les faciliten la tarea. Es decir, contratan a gente pobre de un país pobre para que les acerquen al lugar donde viven los animales más grandes, más soberbios, los mejores representantes de esa nostalgia primitiva. Sean leones, jirafas, tiburones o marlines.

Todas las voces se han levantado contra ese crimen, y por extensión, contra la caza mayor, en tierra y en mar. Dos aerolíneas americanas han anunciado que no volverán a transportar trofeos de caza (BBC: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/08/150804_aerolineas_cecil_leones_prohibicion_trofeos_mr?ocid=socialflow_facebook ). Y los asesinos se defienden asegurando que ellos son los primeros conservacionistas, porque matan ejemplares mayores para que suban los jóvenes, para que se regenere la especie (¿?). Que no se preocupen: la Naturaleza tiene mucha práctica en eso, lleva millones de años regenerando y puliendo todas las especies de este planeta mucho antes de la intervención de esos energúmenos, los únicos no evolucionados.

 Un hombre que echó carnaza con un anzuelo a un tiburón aseguró que el escualo, con el anzuelo clavado hasta el estómago, se debatía con las fauces abiertas y él “tuvo que defenderse”. Una cazadora después de matar a una jirafa dijo que era un animal muy peligroso porque la había atacado después de que le disparara. ¿Qué esperan que haga un animal que ha recibido una herida mortal sin más, sin lucha, sin necesidad?

 De todas formas, este debate, que es muy antiguo, también está muy intoxicado. Porque mucha gente está en contra de esas muertes, pero la ley las ampara, y eso sale de los políticos que se votan. Y los permisos para cazar y pescar son legales, valen dinero y están amparados por los países donde residen esos grandes animales. Cecil generó millones durante 13 años, mucho más de los 50.000 dólares que pagó el dentista para acabar con él. El dinero del turismo enriquecía todo el país. El dinero por matarlo sólo ha llenado unos cuantos bolsillos. La misma situación con tiburones, con marlines, con grandes tortugas, con… todo lo que esté vivo, sea grande, hermoso y parezca libre. ¿Será eso lo que tanto les perturba?

El país de los cazadores por antonomasia es EEUU. Un lugar con una cultura de la violencia tan crispada que las armas son un producto más de consumo, donde se ha propuesto que los maestros vayan armados a clase para defenderse, donde se fabrican armas reales de colores y peso ligero, adaptadas a niños. El que organizó la cacería, llamado a declarar por las autoridades de Zimbabue, dice que los cargos son “frívolos” (La Vanguardia: http://www.lavanguardia.com/natural/20150805/54434766813/organizador-caceria-leon-cecil-frivolo-caso.html ). Naturalmente, un matador norteamericano está por encima del bien y del mal.

 Walter pagó 50.000 dólares de golpe para que le sacaran el animal del espacio protegido donde vivía, para que se lo pusieran a tiro de arco y flecha, para que lo persiguieran malherido durante 40 horas, se lo volvieran a poner a tiro de fusil, lo desollaran y le cortaran la cabeza, dejando en medio de la nada unos despojos sanguinolientos junto al GPS que llevaba al cuello. ¿Cuánto dejará de ganar el país por esta muerte?

Somos seres vivos en un planeta vivo. Cualquier muerte nos disminuye a todos. ¿Cuánto hemos perdido por estas muertes absurdas?

Habrá que recordar otra vez esas palabras tan repetidas de los indios nativos Cree: "Cuando el último árbol  sea cortado, el último río envenenado, el último búfalo matado, el último pez pescado, solo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come"

08 agosto 2015

África es muy grande


Recientemente se han oído voces de africanos que reclamaban una visión mucho más amplia del gran continente, una visión más realista pidiendo respeto y no una visión simplista y neocolonialista. Y han aparecido videos e imágenes de ciudades impolutas a la más pura tradición occidental, coches, trajes, negocios, estudiantes, universidades, ocio… prosperidad. (Foto: Ciudad del Cabo - Sudáfrica)

África es muy grande, mucho más de lo que plasman los mapas y globos que hemos tenido en esta parte del mundo y que siempre colocaban a Europa en el centro y a EEUU como lo más grande. Y por supuesto, en esa inmensidad de continente hay zonas con mucho progreso y mucha población que vive bien, que tiene empresas, trabajo, hijos en la universidad, etc.

Pero también hay muchísimas zonas que realmente tienen hambre: lo pueden confirmar todas las ONG que trabajan en el continente y que están desbordadas. Y todos los países mediterráneos conocen la llegada incesante de barcazas y de asalto a fronteras, de miles de personas que huyen de un lugar sin presente.  Muchos de ellos se quedarán por el camino. Si África fuera la mitad de espléndida de lo que venden esas voces, la juventud no se dejaría la vida por huir.

Hace poco un dentista norteamericano mató a un león que era todo un símbolo, y el clamor popular lo ha llevado a cerrar su clínica, a ser tachado de asesino, a que el gobierno del país africano pida una investigación internacional. Una ONG colgó una simple nota: ha muerto un león y hay reclamaciones internacionales. En el mismo país han muerto 50.000 niños de hambre y nadie se inmuta.

Tan ilógico es resumir todo un continente a las zonas de hambruna como todo lo contrario, negar que existan y mirar sólo lo exótico y pintoresco que resulta para los ojos occidentales.

Siempre se acusa a los países occidentales que aportan ayudas de mirar el continente negro por encima del hombro, en una actitud que ellos definen como “neocolonialista”.  Y para no caer en manos de los europeos y norteamericanos…. Se están vendiendo a las grandes empresas chinas ya las multinacionales que no tienen más patria que el dinero. Extracción de materias primas, minas de coltán en Congo  (imprescindible para los móviles), cultivos intensivos (piña en Nigeria y Kenia, café en Etiopía) que aportan muy poco a la tierra de la que salen.


Voces que no hablan mucho de esos expolios, voces que tampoco dicen nada de las muchas guerras del continente, en las que los soldados exhiben uniformes y armas nuevos… que alguien ha pagado, y no suelen venderse barato. En un continente tan complejo y con unas situaciones tan extremas, tildar a unos de “neocolonialistas” y no decir nada de los otros es demasiado maniqueo, demasiado simplista e intencionado. Nadie es un santo.


Voces que vuelven a hablar de los siglos de esclavitud que padeció el continente, un crimen execrable en todos los sentidos, pero que no se inventó para África, y sin embargo, hay voces que quieren que Europa les pague compensaciones por todo lo perdido. Cuando los europeos arribaron a las costas africanas, los mercados de esclavos ya existían, simplemente se ampliaron para acoger esa nueva demanda hacia las tierras americanas. La historia del género humano está trufada de episodios de esclavitud por muchas causas, desde la de someter al vencido hasta la de auto-venderse para liquidar una deuda. En Europa unos de los mayores esclavistas fueron los romanos. Ya pasó, hay huellas por todos sitios y seguimos adelante. Ningún país está reclamando a Roma indemnizaciones por sus campañas contra los arios, los galos o los hispanos.

 África es demasiado grande (en todos los sentidos) como para que esté hurgándose el ombligo con la espalda doblada y buscando culpables siempre fuera de su tierra. Tiene universitarios y hambrunas, tiene inmensas zonas naturales (que en otras partes del mundo ya han desaparecido) e inmensas posibilidad de progreso en todas direcciones. Un progreso que deben gestionar ellos mismos, según sus parámetros, con ayuda, con dignidad y hacia adelante. África es una admiración y un llanto.

 

07 agosto 2015

Las rosas no son sólo flores

Un domingo perezoso de la pasada primavera, un parque público cuidado, primoroso, en esa parte alta de Barcelona donde se amontonan universidades y rascacielos. Un concurso de rosas nuevas que no es nuevo: quince ediciones lleva ya. A los miles de rosales que viven en el Parque Cervantes les añadieron cientos de rosales venidos para exhibirse ante los jurados, y sobre todo, ante la gente. Porque los jurados no perdonan ni una imperfección, mientras que la gente valora hasta la más pequeña belleza.
 Rosas con nombres aristocráticos, con orígenes exóticos, de grandes tamaños y de pequeñas joyas. Una señora va armada con tres cámaras compactas. No entiende de tarjetas de memoria, así que ha arramblado con las máquinas de toda la familia. La ha traído su prima desde el otro extremo de la ciudad, uno de esos barrios obreros donde las rosas se regalan en fechas señaladas y en las macetas suele haber geranios.
Las dos están entusiasmadas y ella quiere llevarse las cámaras llenas para enseñarlas a los sobrinos, a los vecinos, a las compañeras de trabajo y a los del bar de la esquina. Han tardado hora y media en transporte público y han encontrado la mitad de las rosas ya desmayadamente abiertas. Pero un sólo capullo en solisombra les hace admirar el rosal entero, van repitiendo como un ensalmo “¡fabulosa!”. Se les entiende, no hace falta darle más vueltas al diccionario.

Una niña ha convertido el sombrerito que le obliga a llevar su madre en una cesta con la que recoger todos los pétalos del césped. Su madre protesta: donde la niña encuentra materia prima para una obra de arte, ella ve basura que tendrá que limpiar después. Una chica valora un modelo para usarlo en su boda, y planea en voz alta un túnel de rosas bajo el que pasar con el que será su marido. Él, procurando ser condescendiente, le dice que lo encuentra un poco cursi, de culebrón latino. Ninguno de los dos añade nada más y el tema queda en el aire.

Las flores son el recurso publicitario más socorrido en primavera, pero la rosa tiene un reclamo especial, algo primario que llama la atención hasta a los que no les gustan las flores. Un simbolismo cultural y atávico, oculto en la memoria colectiva, enraizado en antiguas creencias. Hay bastantes filosofías que la tienen como símbolo, porque crece en espiral, girando sus pétalos en el mismo sentido que el planeta. De ahí a considerarla puente con otras realidades, símbolo de evolución personal, prueba de armonía universal….


En el mundo oriental se le considera yin, receptiva. Por tanto, se cree que atrae la buena suerte y la intuición. Los derviches creían que una rosa (ward) al abrirse expandía el aroma del paraíso. Y someterse a su influjo aportaba las realidades espirituales al corazón. El misticismo occidental hablaba de la perfección de sus formas para utilizarla como alegoría de evolución. Semánticamente su nombre deriva de rocío (ros), y se utiliza como imagen de regeneración, de iniciación. La simbología griega, la romana, los cristianos, y casi todas las filosofías esotéricas (rosacruces, templarios, masones) se han fijado en sus capas, en sus giros.


Los bellos vecinos casual de la zona alta se cruzan frente a los rosales con todo el paisanaje sandalio de lejanos barrios, que han llegado hasta aquí cruzando la ciudad al reclamo de tanta rosa. Ven cómo se inclinan, meten la nariz y aspiran con fuerza para comprobar algo que es evidente en el ambiente: no huelen. Porque la excelencia tiene esas cosas: tantísimo trajín con injertos, modelos, cruces, resistencias y plaguicidas han conseguido unos bellísimos ejemplares sin olor, que para eso están los frascos de perfume.


No importa mucho: las ancianas perdonan, los críos corretean, la niña sigue recogiendo pétalos, y las industrias perfumistas hace tiempo que se entienden con cuestiones más químicas que botánicas. El certamen acaba, la gente va desfilando hacia cuestiones más mundanas (se hace la hora de comer), el parque se va quedando tranquilo… y en las flores se queda un algo de agotamiento, de exposición excesiva, de toquiteo innecesario. Meses después el parque sigue siendo el de las rosas, pero ya no es lo mismo…

06 agosto 2015

Massimo Vignelli en el Hub de Barcelona


Los grandes creadores suelen encontrar la esencia de las cosas en la mínima expresión. Massimo Vignelli (1931-2014) nacido en Milán  (Italia) y expandido en New York (EEUU), fue uno de ellos. Genial en la forma de captar de forma elegante y austera aquello que definía la esencia de un producto, tanto si era una línea de aviación como una línea del metro.  Hub, el Museo del Diseño de Barcelona que se ubica en la plaza de las Glorias (con pocas glorias todavía) expone hasta el 31 de agosto una muestra de la obra de este diseñador y de su mujer Lella, arquitectos los dos y cofundadores de Vignelli Associates, que siempre trabajaron en equipo, pese a que ella no figura en ninguna línea.

 Tan convencido estaba él de que la esencia no necesita muchos aparatajes, que solía usar sólo dos colores (rojo y negro) y cuatro tipos de letra (Times, Helvética, Garamond y Bodoni). Tan elegantemente minimalista, que en su gran taller, en el que se podía llegar a hacer incluso confección textil, su espacio era un lugar espartano, diáfano, luminoso y blanco.

La exposición  pasea por sus obras y al mirarlas se tiene la impresión de que realmente, no había manera mejor de plasmar la idea de un producto. Las aerolíneas americanas se identifican absolutamente con su logo y con su águila, que sigue imperecedero desafiando las décadas. Vignelli prescindió del animal (1967), pero la compañía insistió en que debía ir y él aceptó a condición “de que debe ir con todas sus plumas”.

La casa Knoll continua usando el diseño de los Vignelli para toda su comunicación, desde los anuncios hasta el cartelito de los muebles.

El sistema de señalización que diseñó para el metro de New York (1966) marcó una pauta que han seguido todos los metros del mundo, pese a las críticas que recibió por haberse tomado amplias libertades en cuanto a proporciones y símbolos. Él insistió en que los usuarios no necesitaban los detalles milimétricos, sino el perfil y saber la dirección de las líneas. El resultado tuvo tanto éxito, fue (y es) tan claro, tan elegante, tan rápido en la comunicación, que parecía que no podría haber existido de otra manera.

La exposición también recoge sus comentarios, sus frases, un pequeño video y  algunos productos. Y termina con una frase que es toda una filosofía: “La vida es demasiado corta para hacerlo todo”.

23 febrero 2011

Su fuerza será su ruina

El ser humano tiene necesidad de salirse de su condicion biológica para sentirse algo más. De ahí derivan las religiones, y a la sombra de esas dignas estructuras etéreas se enquistan también gentes miserables con hambre de poder y ganas de sometimiento, pretendidos guardianes de unas esencias rancias. Son los fundamentalistas.

Todas las religiones los tienen y el Islam no es una excepción. Y entre sus filas circulan personajes que quieren someter hasta el aire que respiran sus fieles en nombre de un texto medieval. Y ya puestos, también tienen la tasa de natalidad más alta del planeta, aunque nazcan directamente para pasar necesidades, porque suelen ser países muy pobres. Eso ha llenado sus tierras de mucha gente joven, pero sin futuro y sometidos a unas tradiciones anacrónicas y a unas leyes arbitrarias. Esa fuerza demográfica se ha desplazado a otros paises a través de todos los resquicios laborales. Pero era una bomba de tiempo, y ha explotado.

Toda esa juventud, con pocos estudios, con poco trabajo y mal pagado, sometidos a regímenes feudales, con relaciones de servidumbre y a la vez tecnologías del siglo XX, han ido acumulando presión y contradicciones. Y han estallado. Quieren libertades, democracias, expresión, movimiento... a fin de cuentas, espectativas de vida. Algo que les haga sentir que son un poco dueños de su destino, sin que por ello dejen de rezar cinco veces al día mirando a la Meca.

Los dictadores tiemblan por sus sillones, la camarilla que los apoya se apresura a sacar fortunas fuera de los países, todo el mundo negocia exilios de lujo o permanencia por las armas. Occidente mira con curiosidad y una cierta sonrisa: El Islam que tanto amenazaba con hacerles explotar, está saltando por los aires.

No es un asunto cómico: La mecha está prendiendo en el norte de Africa, que comparte con Europa un mar entero. Ya hay varios miles de tunecinos hacinados en la isla italiana de Lampedusa, en un sálvese el que pueda como hemos visto tantas veces en las pateras del Estrecho. Detrás hay miedo, mucho miedo.

Una de las fuentes de poder es la información. Y por tanto, la desinformación o los datos sesgados son otra herramienta de sometimiento, que también pasa por la censura. Pese a todo, Internet ha sido el vehículo de comunicación para orquestar esas sospechosas revueltas en cascada; un hecho que algún dia habrá que analizar, porque probablemente tendrá nombres y apellidos.

Cuando estalla la situación, los que se mueven a golpe de desesperación también lo hacen con el miedo en el alma y en los ojos: ¿Cual será la situación real, cual será el mundo real más allá de lo que les han vendido? Y si resulta que es peor de lo que les decían? Y si es mejor pero no los dejan entrar? Con todo eso a cuestas, cualquier incidente acaba siendo una batalla sangrienta.


Y lo que también juega en todas las partidas: dinero. Dependencia de fuentes de energía (petróleo y gas), inversiones oscuras... y paraísos fiscales, impunidad en el tráfico de drogas y de personas, mercado de armas... No es que no se den esas flores en los países occidentales, es que en toda esa franja feudal es más rentable, más cómodo y más voluminoso. Y los listos de todos los lados: fabricantes de petróleo de otras latitudes que reciben ahora más pedidos, pero aprovechan la situación y suben los precios...

La famosa tercera guerra mundial probablemente hace tiempo que ha empezado: conflictos por las más diversas causas trufan el planeta, sirviendo de negocio a los que venden armas y los que venden protección contra esas armas, los que azuzan una religión contra otra, los que venden sueños de futuro a la juventud y sueños de pasado a los que ostentan el poder.

La incógnita está en Occidente. ¿Qué harán los millones de islámicos que viven por aquí? Y los inmigrantes de esos países que no son islámicos pero también quieren cambios y ven los altercados desde este lado? Y los imanes radicales e intransigentes afincados aquí y que quieren ser punta de lanza de una nueva situación mundial? Y EEUU (con su 11-S) y Rusia con sus chechenos? Y China, a quien no le preocupan las religiones pero tiene muchísimos negocios en toda Africa?...

Nosotros, los pobres de todos los bandos, sólo podemos mirar atentamente con la mente ágil y la maleta casi hecha...

Texto y fotos: Marga Alconchel

22 enero 2011

Un médico frente a un controlador aéreo

Después de haber escrito la nota anterior sobre los controladores he recibido esta carta, fechada cuando aún estaba caliente la huelga y firmada por un médico de Santa Cruz de Tenerife. Deberían tenerla los controladores en la cabecera de su cama:


JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ-POSADA - Médico. Santa Cruz de Tenerife - 07/12/2010

Soy licenciado en Medicina y Cirugía tras seis años de estudios, especialista en Medicina Interna y en Nefrología tras otros ocho años y doctor en Medicina. Trabajo en un hospital público desde hace 25 años con enfermos trasplantados o con insuficiencia renal. He visto morir a pacientes bajo mi responsabilidad de todas las edades. Soy delegado sindical y sé lo que es tratar con la Administración. He visto en televisión cómo un representante de los controladores aéreos, hablaba de presión y estrés, llevándoles al límite: "Abandonar el puesto de trabajo alegando problemas de salud".
Espero que ninguno de los controladores o sus familiares acuda a un hospital y le digan que no le pueden atender porque casi todos los profesionales sanitarios están "enfermos". Podrán alegar que mi responsabilidad es distinta, y yo les diré por qué mi sueldo es muy inferior al suyo trabajando más de 2.100 horas al año. Por la crisis nos han bajado el sueldo y otras mejoras laborales, pero nunca, nunca, he pensado en abandonar mis obligaciones con los pacientes.

Les reto a que acudan a un hospital o al Centro de Salud y vean trabajar a médicos y enfermeros con pacientes graves. Que acudan a cualquier quirófano donde se está realizando un trasplante, o extrayendo un riñón a un donante sano que se lo dona a un familiar, y así un largo etcétera, para que vean lo que es el estrés. No hay nada más estresante que ver morir un paciente a pesar de los esfuerzos realizados o al niño que llora en manos del pediatra, y las veces que me acuerdo de mis pacientes y no duermo pensando si he hecho todo lo que debía...

Lo que han hecho tiene un nombre: falta de ética y profesionalidad.

Todo lo demás es demagogia.


Creo que no se puede decir más claro. La ética, el compromiso y el sentido del propio lugar en el mundo deberían formar parte de la educación de todos, y más cuanto más alto sea el sillón.

16 enero 2011

Pijo-Controladores y AENA-especuladores

Cuando todo el mundo tenía los billetes a punto para celebrar el último gran puente laboral del año 2010, 400 controladores se ponen enfermos el mismo día y colapsan el tráfico aéreo de este país, y por un efecto dominó, de toda Europa. Lo que pasó después lo recordamos todos, con algunos matices y ángulos de opinión diferentes. Hay algunas cuestiones que dejan pensar que el tema es mucho más profundo, y que lo que se le oculta a la opinión pública es muchísimo más de lo que se le ha comunicado.

De entrada, conseguir que 400 controladores de toda España cojan la baja el mismo día, es una labor de zapa que no se hace en un día. Alguien hay detrás de ese trabajo, que ha guiado semejante desaguisado. Y creo que muchos controladores no eran conscientes realmente de la que estaban haciendo, creo que ingenuamente creían que el Estado y Aena se sentarían a negociar a la hora siguiente. Alguien les vendió un cuento de colores, y ese nombre no ha salido.

Que 400 controladores consigan la baja a la vez implica que algunos médicos tienen el boli suelto, o que alguien vendió una caja entera de talonarios de baja y se rellenaron todos el mismo día con la firma de algún médico amigo. Porque aunque todos presentaran síntomas, no es creíble que un amplio abanico de médicos “picaran” a la vez. Y todo el montaje dependía de que fueran todas las bajas el mismo día y todas médicas, para que no se les pudiera obligar a volver al trabajo bajo la presión de sanción alguna.

Cuando todo esto estaba a punto de empezar, el presidente del país tenía que acudir a una reunión en Iberoamérica; pero aludió “presencia imprescindible en el Parlamento” y en su lugar acudió el Rey. A la luz de las cosas que pasaron después, parece que el ejecutivo ya sabía la que venía, de la misma manera que se tenía preparado “por si acaso” el decreto de estado de alerta y a cientos de controladores militares con el neceser a punto.

Que el ejecutivo tuviera noticia de estas cosas y se preparase no me parece mal, es un ejercicio de control sobre un colectivo sobreprivilegiado que lleva mucho tiempo incordiando y que no es de fiar. Que el monarca también lo sabía y tenía el boli a punto cuando le llegó el decreto para que lo firmase, tampoco es un desatino, es agilidad política. Que los controladores se hicieran los víctimas, desacreditaran a los militares o mostraran cuadros de ansiedad porque les incomodaba la presencia de soldados en las torres me parece una muestra brutal de inmadurez emocional, y de falta total de coherencia en los actos. O de teatralidad consumada. Si han provocado esta situación, que asuman las consecuencias.

César, el único portavoz de todos, ha pedido disculpas varias veces y ha asegurado que esto no volverá a suceder. Y a renglón seguido deja el tema por olvidado y sigue con el discurso victimista y echándole las culpas sucesivamente al gobierno y a Aena porque les hace trabajar muchas horas. Pero no disculpa la chulería que tuvieron sus compañeros marchándose de las torres porque no querían estar controlados por militares (de ahí la acusación de sedición, que está penada con años de cárcel). Tampoco disculpa que sean el colectivo que más cobra de los controladores europeos y el que tiene la productividad más baja. No quieren hacer más horas extras, dicen que se pasan la vida trabajando y que es mucho estrés, que no ven a las familias (¡¡bienvenidos al mundo laboral normal!!) pero tampoco cumplen como para que no sea necesario hacerlas. Y Aena dice que con lo que cobran y lo poco que trabajan, sólo faltaría poner más nóminas.

Probablemente todos tienen una parte de razón, y todos aluden al daño hecho a los usuarios, pero es más un argumento literario que sentido. Porque la maldad, el dominó de aquellas 400 bajas, fueron vacaciones perdidas (que era lo más televisivo) pero también fueron trasplantes aplazados, trabajos perdidos por no presentarse, enlaces con otros vuelos perdidos, gente tirada en cualquier aeropuerto del mundo durmiendo en el suelo o sin lo mínimo, el espacio aéreo europeo y el americano (somos puente, estamos en medio) gravemente afectados… y la credibilidad de este país, en un momento grave de crisis económica y de movimientos financieros muy por encima de nuestras cabezas, bajo mínimos. Si no fuera porque fue real, parece un argumento de chirigota de carnaval. Y los controladores siguen diciendo que la culpa fue del lobo feroz.


Corren documentos por Internet de su comité de empresa que aseguran que detrás de todo esto hay una maniobra de Aena, que está endeudada hasta las cejas por obras de infraestructura y que sus deudores en cualquier momento pueden ejercer embargo sobre la red de aeropuertos españoles. Y eso se da porque la banca española vendió la deuda de Aena a la banca extrajera (una especulación habitual en el mundo de los tiburones Banca). Y naturalmente, ante un negocio así ya están a punto los especuladores norteamericanos y británicos. Y por supuesto, las firmas de consultores, asesores, analistas y cuanto buitre pueda dar el dinero ajeno, el que ponemos los contribuyentes, que también se va en pagar a los pijo-controladores. Ellos aseguran que ofrecieron rebajarse el sueldo un 25% (difícilmente creíble) y el gobierno asegura que la propuesta fue suya. Si nadie se ha quejado de semejante tajada a la nómina es porque de todas maneras, queda dinero de sobra cada mes.

Además de todo esto, si la credibilidad financiera de este país se hunde, los inversores se irán a otras tierras, y los titulares de esas otras tierras no dejan de vociferar interesadamente para que nadie crea que como país sobreviviremos a ésto.

Cuándo y cómo empezó todo este dominó? Pues con inversiones faraónicas y políticamente interesadas del gobierno aznarito (en la persona de Álvarez Cascos). Y los que siguieron no les hicieron ascos porque también se beneficiaban. Menos los ciudadanos, se beneficia todo el mundo. Además colean las titularidades de aeropuertos (con sus gastos y sus beneficios), los contratos de gestión, la privatización del servicio de controladores para que sean empresas que contraten y despidan según necesidades (los controladores son trabajadores del Estado, aunque no sean funcionarios)…

Ahora empieza el sainete de los juicios pendientes. Que si rechazan el tribunal porque como los militarizaron, quieren un tribunal militar. Que cuando ven las condenas que se les pueden echar, recuerdan que la ausencia fue antes de ser militarizados y aceptan tribunales civiles. Que el estado de alerta todavía está vigente y se les puede enviar a prisión, hay que perder el tiempo en aplazamientos tontos. Que no, que ya ha acabado y ahora ya están tranquilos para negociar… Se les olvida que es más fácil conservar la dignidad que recuperarla.

¿Se imaginan a qué precio podrían salir los vuelos si todo esto se limpiara de una vez y se llevara de una forma racional?

Texto: Marga Alconchel